¿Quiénes son los “cuatro países frugales”?

Países Bajos, Austria, Dinamarca y Suecia rechazan conceder al Sur transferencias a fondo perdido para recuperarse del coronavirus, así como aumentar su contribución al presupuesto de la UE

El primer ministro holandés, Mark Ruutte, a su llegada el viernes al Consejo Europeo en BruselasJOHN THYS / POOLEFE

En la crisis del euro de hace una década, eran conocidos como los países “triple A”, aquellos que mantenían la máxima calificación crediticia frente a unos países mediterráneos vapuleados por los mercados y con una prima de riesgo por las nubes. Liderados por Alemania, impusieron la austeridad y las reformas a cambio de draconianos rescates financieros. “No hay ayudas sin reformas”, insistía como mantra la canciller Angela Merkel. Si bien Dinamarca y Suecia se mantuvieron al margen por no formar parte de la eurozona.

Antes de estallar la pandemia de coronavirus, Países Bajos, Suecia, Dinamarca y Austria se hacían llamar los “cuatro frugales” por su oposición a aumentar su aportación a los presupuestos de la UE para el septenio 2021-2027, exangües tras la salida de Reino Unido, contribuyentes netos como ellos a las arcas comunitarias. De hecho, hicieron fracasar la cumbre de febrero por su oposición a aceptar la propuesta de gastar un 1,1 billón de euros en los próximo siete años, así como exigir el mantenimiento de sus cheques compensatorios.

Ahora, ante los estragos económicos de la crisis sanitaria, no están dispuestos a aceptar el Plan de Recuperación propuesto por la Comisión Europea a iniciativa de Francia y Alemania.

Los “frugales” piden que se reduzca tanto su volumen total como la proporción que se entregará en subvenciones con respecto a la propuesta sobre la mesa, que plantea un total de 750.000 millones de euros, de los que 500.000 millones serían subvenciones y 250.000 millones en créditos. Exigen, además, un mayor control sobre el uso del dinero y que se garantice que se utilizará para acometer reformas estructurales.

José Maluenda

Sin embargo, a diferencia de hace una década, no cuentan con el apoyo de Berlín, que ostente este semestre la Presidencia de turno de la UE. Merkel, en cambio, aboga por la solidaridad entre los Veintisiete y se ha erigido como la mediadora entre el Norte y el Sur en la doble batalla del Fondo de Rescate y las futuras perspectivas financieras. Dos asuntos tan íntimamente ligados que se trata de contentar a los “frugales” con una mayor contención presupuestaria. Concretamente, rebajando del 1,1 al 1,05 el gasto previsto.

En este debate, la opinión pública juega un papel decisivo. Mientras que en el Sur de Europa de tiende a afear al Norte su falta de solidaridad, estos últimos se encuentran en la encrucijada de justificar ante sus Parlamentos unas ayudas después de someter a sus ciudadanos durante años a duros recortes que explican, en gran parte, su actual margen financiero para afrontar la crisis. Sus Gobiernos, independientemente de su ideología, temen que sus concesiones a los países mediterráneos sean utilizadas por sus los partidos populistas para desgastarlos en las urnas.

Países Bajos

Sin duda, el más duro es Países Bajos, cuyo Gobierno ha llegado a ser el único que exige que los planes de recuperación deban ser respaldados por unanimidad por el Consejo, una limitación de su soberanía que no están dispuestos a aceptar España e Italia, los dos países más afectados por la pandemia y, por ello, los principales beneficiarios de los fondos europeos.

Durante la primera jornada de la Cumbre de Bruselas, el primer ministro holandés, Mark Rutte, aseguró que “peleo por una Europa más fuerte para todos, incluidos los contribuyentes holandeses”. “Una Europa más fuerte también significa que los países que se han quedado atrás aceleren en reformas como las de pensiones o del mercado laboral”, aseguró a su entrada al Consejo Europeo.

Austria

Desde Austria, el canciller Sebastian Kurz también se ha mostrado reacio a conceder dinero al Sur sin condiciones ante el temor de que no sean utilizado para lo que estaban destinados. “Si el dinero solo va a los bancos, o, incluso, en el peor de los casos, se pierde en la corrupción, entonces esta inversión sirve de muy poco”, sentenció.

Kurz habló, en este contexto, de países con “sistemas rotos”, sin especificar ninguno en concreto, pero recordando que hay miembros de la UE “que ya tenían deudas elevadas antes de la pandemia”, así como “un alto índice de desempleo juvenil”.

“Algunos” -continuó el canciller austriaco, “han hecho mucho para aumentar la competitividad”, mientras que en otros “la burocracia, la corrupción, la falta de un Estado de derecho está frenando la economía”. “No estamos dispuestos a que haya países que reciban ayuda sin hacer reformas”, insistió en una entrevista con la televisión pública ORF.

Dinamarca

Desde Copenhague, se apoya la solidaridad europea, pero siempre y cuando sea mediante préstamos y nunca con ayudas sin condiciones. “Soy una gran defensora de la colaboración europea, pero también soy del norte de Jutlandia. Defiendo que uno tiene que pagar la deuda que ha contraído”, explicó la primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen ante su Parlamento.

Suecia

En la misma línea, su vecino nórdico defiende que los créditos dominen el Plan de Recuperación europeo. “Lo que es problemático para nosotros es el volumen del fondo y que sea en transferencias y no en créditos. Nosotros queremos que sean créditos, no transferencias”, insistía el miércoles el primer ministro sueco el también socialdemócrata Stefan Löfven, a su homólogo español, Pedro Sánchez.