Francisco Sagasti será el próximo presidente de Perú

Tras el fracaso en las negociaciones del domingo para nombrar nuevo presidente, hoy el Congreso volvía a intentarlo. Francisco Sagasti, del Partido Morado, era la única opción para asumir la jefatura del Estado

Perú amaneció ayer sin presidente tras la renuncia de Manuel Merino después de asumir el poder durante tan sólo seis días. También quedó descabezado el Congreso peruano por la dimisión de los miembros de su directiva. Ayer esa comitiva del Parlamento, en su mayoría investigada por la Justicia en distintas causas de corrupción era las que en teoría deberían dirigir el timón del país. Sin embargo, en las calles una muchedumbre enaltecida esperaba escudo y barra en mano, como elemento disuasorio. Llevan manifestándose desde el lunes pasado por la destitución del presidente Martín Vizcarra y contra la designación de Manuel Merino.

«No vamos a permitir que nos sigan manipulando con autogolpes que alarguen las elecciones unos meses más para seguir robando», asegura Marcial, con un pañuelo cubriendo su boca, un casco de minero y una camisa blanca roída, ennegrecida.

Aunque en principio, la renuncia de Merino desató una celebración en las calles peruanas tras varias jornadas de protestas duramente reprimidas por la Policía, unas horas después renunció la junta directiva del Congreso, encabezada por Luis Valdez, lo que dejó temporalmente al país andino sin autoridades al frente de los poderes ejecutivo y legislativo.

Durante la noche del domingo, el Congreso no se puso de acuerdo para elegir como nueva presidente de Perú a la legisladora izquierdista Rocío Silva Santisteban, quien supuestamente era una candidata de consenso. Necesitaba 60 votos y consiguió solo 42, con 52 en contra y 25 abstenciones.

Sin embargo, tal y como adelantó la RAZÓN, los manifestantes no estaban dispuestos a aceptar ninguno de los candidatos que propusieron las bancadas que en su momento propiciaron que Merino llegase al poder. Solo un partido que se opuso, el Morado, podía tener opciones, pero se mostró débil. Su elegido, Francisco Sagasti, jugó varias cartas equivocadas intentando alcanzar la presidencia de la Cámara o incluso una vicepresidencia con Silva que no funcionó. Parecía no querer asumir una responsabilidad que tanto pesa: llevar a un país a la deriva hasta buen puerto, por lo menos hasta las próximas elecciones de abril. Al final aceptó ser candidato a presidente por su partido, aunque quienes eligen son los congresistas.

El Congreso elige a Sagasti como nuevo presidente interino

Francisco Sagasti, de tendencia centro-liberal, será el próximo presidente de Perú y asumirá el vacío dejado tras la dimisión de Manuel Merino en medio de una grave crisis política y social que llevó a masivas protestas ciudadanas en su país.

Sagasti, de 76 años, fue elegido por el Congreso para presidir su mesa directiva y, en consecuencia, asumirá el proceso de sucesión presidencial establecido en la Constitución, que establece que el titular de ese poder del Estado asume la presidencia cuando no hay un mandatario.

Un hombre pone una bandera peruana sobre el ferétro de Inti Sotelo Camargo, un estudiante de 24 años. Fue asesinado durante las protestas del sábadoRodrigo AbdAP

Merino había sustituido el martes al popular mandatario Martín Vizcarra, un día después de que éste fuera destituido por el Congreso por un caso de presunta corrupción. Supuestamente y hasta la destitución, las elecciones deberían celebrarse en abril. El pueblo no entendió este juego de tronos. Ahora el Congreso debe designar a un nuevo presidente que pacifique el país. Será el tercero en una semana, en una nación muy golpeada por la pandemia del coronavirus y la recesión económica, que se sumió en una crisis política tras la destitución de Vizcarra.

Merino, un centroderechista de 59 años, dijo que para que no haya «vacío de poder», los 18 ministros que él juramentó el jueves seguirán en sus puestos temporalmente, aunque prácticamente todos habían renunciado tras la represión a los manifestantes del sábado.

Las protestas del fin de semana dejaron dos muertos y 94 heridos, según responsables del Ministerio de Sanidad. Pero la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos afirmó que los lesionados son 112 y alertó que además había una decena de «desaparecidos».

La represión de esas protestas le costó el poco apoyo político que tenía Merino. El presidente del Congreso, Luis Valdez, exigió su «renuncia inmediata», sumándose a la demanda que miles de manifestantes hacían desde el martes.

Un Congreso dividido y corrupto

Tras dos décadas en un segundo plano, en las que fue representante ante el Congreso de la región norteña de Tumbes, la más pequeña de Perú y fronteriza con Ecuador, Merino salió del anonimato en septiembre al impulsar un primer proceso de destitución contra Vizcarra que no prosperó.

«Es un momento muy difícil para el país, aquí no hay nada que celebrar», había afirmado el martes en su primer discurso como presidente, al día siguiente de la destitución de su predecesor.

Como jefe del Congreso, Merino era el primero en la línea de sucesión en Perú, que no tiene vicepresidente.

El sesgo populista de las leyes económicas que el Congreso aprobó bajo su dirección en los últimos meses durante la pandemia, como autorizar el retiro de los fondos de pensiones y congelar deudas con la banca privada, despertó temores en los círculos financieros.

Además del costo del juicio político relámpago a Vizcarra, que tiene una alta popularidad pese a las acusaciones en su contra, las protestas y las dudas sobre su legitimidad resultaron ser un gran desafío para Merino.

La composición del Congreso también complicó la solidez de su gobierno, con cuatro partidos populistas rivales compartiendo el control en una compleja alianza.

Vizcarra, popular entre los peruanos

Según el director de la consultora Vox Populi, Luis Benavente, el respaldo popular de Vizcarra, de un 60%, sumado a que el nuevo mandatario carece de respaldo social, porque proviene de un Congreso cuestionado, «pone retos al nuevo gobierno».

Eso sí, Benavente plantea que la «vacancia presidencial es el castigo del país a la incapacidad en la gestión pública, a la improvisación total como estilo, a la mentira sistemática sin pudor y a las evidencias de corrupción». En Perú hay un laberinto de corrupción que azota a sus presidentes y por tanto, a su sociedad. Pero despertaron.