Europa

Johnson se enfrenta a una revuelta “tory” en la cuenta atrás del Brexit

Unos 80 diputados conservadores podrían votar esta semana en contra del semáforo epidemiológico del Gobierno

Boris Johnson posa con un vial de la vacuna AstraZeneca/Oxford University COVID-19 ayer en Gales.
Boris Johnson posa con un vial de la vacuna AstraZeneca/Oxford University COVID-19 ayer en Gales. FOTO: POOL REUTERS

Hace tiempo que el término «crucial» perdió su significado en el particular diccionario del Brexit. Durante las negociaciones de divorcio se utilizó hasta la saciedad. Y lo mismo está ocurriendo ahora con las conversaciones en las que Londres y Bruselas tratan de cerrar un acuerdo comercial. Pero lo cierto es que sí, que a partir de esta semana, entramos en una fase «crucial». Y no se debe a promesa políticas o plazos que tanto les gusta imponer a los protagonistas para luego saltárselos, sino porque entramos en la cuenta atrás definitiva.

Reino Unido, que abandonó legalmente el bloque el 31 de enero, saldrá ya en la práctica el 31 de diciembre. Y eso es un hecho. No hay marcha atrás, ni ampliaciones de calendario posibles. Queda apenas un mes (con las Navidades de por medio) para consumar el histórico divorcio. Y el acuerdo comercial brilla por su ausencia. Sin pacto, las relaciones se basarían únicamente por las pautas de la Organización Mundial del Comercio, es decir, con cuotas y aranceles que, a corto y medio plazo, dañarían las economías, ya bastante tocadas por la pandemia de la covid-19.

La gestión ante la crisis sanitaria, por cierto, está mermando sobremanera la autoridad de Boris Johnson tanto fuera como dentro de sus propias filas. Los «tories» rebeldes consideran que las restricciones sociales atentan contra las libertades civiles y dañan aún más la economía. Por lo que no se descarta una revuelta esta semana, cuando se tengan que votar las nuevas medidas que se impondrán cuando termine el miércoles el actual confinamiento impuesto en Inglaterra.

La debilidad en su liderazgo no ayuda, precisamente, al primer ministro británico en las negociaciones con Bruselas. Para calmar los ánimos en sus filas, insiste en que no va a cerrar un pacto a cualquier precio.

¿Nos dirigimos entonces a un Brexit duro económico? A nadie le interesa tal desenlace. Pero a día de hoy seguimos sin avances. El guión no ha cambiado. Bruselas advierte de que para tener acceso al mercado único hay que cumplir con ciertos requisitos. Y Londres responde que es dueño ya de su soberanía y no está dispuesto a quedarse como un Estado satélite. Las discusiones técnicas habrían dado ya todo de sí. Falta ahora el impulso político. Pero la gobernanza, competencia justa y pesca siguen siendo los tres principales escollos.

El negociador comunitario, Michel Barnier, y su homólogo británico, David Frost, llevan desde el pasado sábado con reuniones en la capital británica. Sin embargo, no hay atisbo aún de fumata blanca.

El ministro de Exteriores, Dominic Raab, rechazó ayer la última oferta de Bruselas de que podría aceptar un recorte de entre el 15 y el 18% en su participación en los derechos de pesca en aguas británicas: «¿Eso suena bien? El 18 % del control de la pesca en nuestras propias aguas. Eso no puede ser correcto», reflexionó el ministro de Exteriores.

Aunque la industria pesquera representa apenas alrededor del 0,1 % del PIB de Reino Unido, su peso político es clave, pues la percepción de que los pescadores británicos se han visto perjudicados por los arreglos comunitarios fue uno de los argumentos esgrimieron los euroescépticos.

Bruselas quiere evitar abrir un nuevo reparto de cuotas que llevaría a choques entre países comunitarios, mientras que Londres exige negociar cada año el acceso mutuo a las aguas territoriales, la cantidad total de pesca permitida y las cuotas que se asignan a cada Estado.

Ante la falta de avances, Johnson tiene que lidiar, además, con las amenazadas dentro de su partido por su gestión ante la pandemia. Alrededor de 80 «tories» rebeldes rechazan actualmente el polémico plan que someterá a las diferentes áreas del país a normas de tres niveles de riesgo (medio, alto y muy alto), según la incidencia del coronavirus.

Esa estrategia comenzaría a funcionar desde el miércoles, cuando concluye el actual confinamiento casi total de cuatro semanas iniciado el pasado 5 de noviembre, aunque deberá ser previamente votado en el Parlamento mañana.

3 de febrero, fin de las restricciones

A fin de evitar la enésima rebelión interna entre los «tories», Boris Johnson escribió ayer a sus filas prometiendo una «fecha de caducidad» al plan el 3 de febrero. En la misiva, que recogieron los dominicales británicos, el «premier» señala que las reglas podrían relajarse este diciembre y que se volvería a votar al respecto en enero de 2021. El líder conservador afirma que cree que en la próxima Semana Santa habrá «una verdadera posibilidad de regresar a algo parecido a la normalidad». Advierte, no obstante, de que se producirían «consecuencias desastrosas» para el sistema sanitario público (NHS, en sus siglas en inglés) si el Gobierno no introduce ese nuevo sistema de restricciones de tres niveles cuando termine el confinamiento. El 99% de Inglaterra deberá ajustarse a los dos niveles más severos de normas –de riesgo alto y muy alto–, con fuertes restricciones en el sector hostelero. En las áreas con el máximo nivel como Manchester, seguirán prohibidos los encuentros sociales en interiores y exteriores y permanecerán cerrados los bares y restaurantes que no sirvan comida para llevar.