África

Se enquista el golpe de Estado en Burkina Faso mientras manifestantes prenden fuego a la embajada francesa

Dos días después de haber dado comienzo el golpe, prosiguen los combates en Uagadugú entre los fieles a Damiba y los golpistas liderados por Ibrahim Traoré

Una columna de humo se eleva sobre la embajada francesa en Uagadugú.
Una columna de humo se eleva sobre la embajada francesa en Uagadugú. FOTO: ASSANE OUEDRAOGO EFE

En la noche del viernes se anunció por la televisión pública burkinesa el triunfo del golpe de Estado liderado por el capitán de artillería Ibrahim Traoré. En su primera aparición pública, el nuevo líder del país ordenaba la disolución del gobierno liderado por Paul-Henri Sandaoga Damiba y la disolución de la Constitución burkinesa. Cabe a decir que Damiba también accedió al poder a través de un golpe de Estado que se llevó a cabo este mes de enero, y que la Carta Magna de Burkina Faso lleva suspendida desde entonces. Pese a todo, parecía claro a ojos del mundo que el levantamiento impulsado por Traoré había sido definitivo, llevando a que la Unión Europea y la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) lanzasen sendos comunicados condenando un golpe que pone fin al periodo de transición que estipuló Damiba para devolver al país a la vía democrática.

Pero Damiba no está solo. El golpe no ha concluido. El teniente coronel consiguió reunir apoyos en la noche del viernes para organizar una contraofensiva que ha transformado la capital burkinesa, Uagadugú, en un campo de batalla que afecta principalmente al barrio presidencial y sus alrededores. Aunque los fieles a Traoré controlan las arterias principales de la capital, en la mañana del sábado se pudo divisar un helicóptero a las órdenes de Damiba que sobrevolaba los edificios. El domingo a mediodía proseguían los tiroteos, mientras las embajadas han recordado a sus ciudadanos que residen en Burkina Faso que extremen las precauciones y que presten atención a posibles eventualidades.

No son pocas las voces que han expresado su preocupación ante la grave situación que concurre en Uagadugú. Burkina Faso se encuentra sumida desde hace años en una difícil guerra contra el yihadismo donde los terroristas van ganando terreno. Se teme que la inestabilidad del Gobierno de alas a la intención de los yihadistas de atacar la capital en un futuro próximo. Parte de las razones que han impulsado el golpe de Traoré pasan precisamente por la inseguridad que atraviesa el país: la gota que colmó el vaso habría sido el ataque del lunes perpetrado por terroristas contra un convoy de alimentos que se dirigía a la ciudad de Djibo (actualmente ocupada por militantes de la Yihad). El ataque se saldó con 11 militares burkineses asesinados, varios heridos y 50 civiles desaparecidos.

Banderas rusas al aire

La participación rusa en el golpe, a falta de pruebas concluyentes, parece innegable. El mismo viernes sucedieron manifestaciones donde cientos de civiles apoyaban el golpe de Traoré, exigiendo a su vez una salida de las fuerzas francesas del país y la intervención de Rusia en su lugar para colaborar con los burkineses en la lucha contra el terrorismo. Entre las imágenes más reveladoras de las últimas horas cabe la de un militar afín al golpe que enarboló una bandera rusa para extasiar a la multitud que le vitoreaba, todo esto subido en el techo de un vehículo blindado de las Naciones Unidas.

Las manifestaciones a favor de Rusia contrastan bruscamente con el trato que lleva recibiendo Francia por parte de quienes apoyan a los golpistas. Traoré aseguró el sábado en un discurso televisivo que militares franceses habían escoltado a Damiba a la base gala de Kamboinsin, donde estarían organizando un contraataque para desbaratar el golpe con la ayuda de Francia. Como consecuencia de estas acusaciones (que posteriormente desmintió el Ministerio de Exteriores francés mediante un comunicado), a lo largo del sábado y del domingo fueron atacados los símbolos más importantes de Francia en Uagadugú: la embajada francesa sufrió un asalto por parte de una turba furiosa que, al no ser capaz de introducirse en el recinto consular, prendió fuego a la entrada; se registraron asimismo ataques contra el Instituto Francés; un tercer ataque que habría ocurrido contra las oficinas de Air France en la capital fue detenido in extremis después de que los empleados dialogasen con la multitud.

En estos momentos, la situación en Uagadugú prosigue tensa y sin un ganador definitivo. Del resultado de este golpe depende la presencia de Francia en el país y la posibilidad de que Putin se introduzca una nueva nación africana en el bolsillo. Los expertos no dudan que Mali y Guinea Conakry fueron sus primeras presas, seguidas ahora por Burkina Faso y quizás por Níger en un futuro próximo; todo ello para rodear y arrinconar a la perla de Francia en África Occidental, el objetivo último del Kremlin en el continente: Costa de Marfil.