Violencia

Horror en Mali: la filial de Al Qaeda difunde un vídeo donde prenden fuego a cuatro militares asesinados

Los expertos advierten de que la situación de seguridad en Mali es catastrófica y el presidente de Ghana teme que la violencia yihadista “engulla” la región

La filial de Al Qaeda en Mali, el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM por sus siglas en árabe), ha difundido un nuevo vídeo donde puede apreciarse la dramática situación que vive el país africano. El vídeo, grabado en algún punto entre las localidades de Torminian y Benena, cerca de la frontera con Burkina Faso, muestra los cadáveres de cuatro militares malienses siendo incinerados mientras un combatiente del JNIM explica lo sucedido a lo largo de la grabación. Menciona el enfrentamiento previo con los soldados malienses y apela a la victoria obtenida contra ellos, llegando a indicar que las víctimas fueron abatidas a tiros y posteriormente quemadas como represalia. Cabe a indicar que la religión islámica no permite profanar el cuerpo de un difunto, ni siquiera el de un enemigo, por lo que este vídeo muestra sin lugar a dudas el nivel de descontrol al que se ven sometidos los yihadistas ubicados en esta parte de África y el elevado riesgo que corren las Fuerzas Armadas malienses al combatir contra el extremismo islámico que azota la región.

790 civiles muertos en un mes

Tras la difusión de las imágenes no ha ocurrido nada. Ningún miembro del Gobierno maliense se ha prestado a hacer declaraciones al respecto y tampoco se ha escuchado a ningún medio de comunicación internacional que haga eco de la barbarie. Es el silencio que alimenta el fuego prendiendo los cadáveres. Porque en Mali hace años que no afecta demasiado a nadie que hayan muerto cuatro soldados, cuatro más, cuatro menos, donde las cifras de militares abatidos son una avalancha asimétrica dentro de las poco fiables estadísticas malienses: dos fueron asesinados el 30 de agosto, 42 murieron el 7 de agosto en Tessit, 15 soldados fueron asesinados en la región de Mopti el 27 de julio, 4 el 14 de septiembre, otros 7 cayeron el 13 de septiembre, 6 más a finales de abril, 27 más el 4 de marzo, etc. A esto podríamos sumarle los 317 civiles asesinados entre julio y septiembre de 2022, según los datos ofrecidos por la ONU, o los 790 civiles que murieron solo durante el mes de marzo.

Los expertos coinciden en que la situación de inseguridad en Mali y Burkina Faso es la peor en casi una década. Por primera vez en años, la embajada francesa en Uagadugú y Bamako desaconsejan a los ciudadanos galos viajar a cualquier lugar del mapa de ambos países, incluyendo sus capitales (que son los lugares históricamente seguros para los europeos), y, si los secuestros se han reducido, eso es porque ya no hay blancos que se muevan por el norte de Mali sin ir armados. El acceso a las ciudades de Gao y Kidal es imposible para los periodistas porque sus vuelos comerciales han sido cancelados y la única manera de acceder a estos destinos consiste en recorrer durante varios días una carretera infestada de bandidos y yihadistas. Pero el Ejército maliense prohíbe a los periodistas europeos acceder al norte y detienen a quienes lo intenten acusándoles de espionaje. Asimismo, las fuerzas europeas desplegadas en el territorio, incluyendo las españolas, rechazan categóricamente colaborar con la prensa para informar adecuadamente de lo ocurrido. El norte de Mali y de Burkina Faso es hoy una enorme mancha negra en los mapas, como un agujero negro. Todo lo que ocurre aquí llega (si llega) con varios días de retraso y con las versiones de lo ocurrido entrecruzadas.

Refugiados y venganzas

Casi 1.5 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares en el centro y el norte del país desde el inicio del conflicto en 2012, según recogen los datos del Internal Displacement Monitoring Centre, 800.000 de ellos en los últimos tres años. Huyen de los campos asolados por las llamas, de la muerte, de las masacres perpetradas por los yihadistas pero también por los propios militares malienses, del caos, del olvido, del islam radical, de las violaciones, del hogar de sus antepasados. Testigos presenciales del área de Mopti aseguraron a este reportero que el mayor agente de terror en el territorio es el Estado Islámico del Gran Sáhara (EIGS), cuyo letal modus operandi es bien conocido por todos: cada vez que los militantes del EIGS se hacen con una nueva aldea, es habitual que varios hombres sean decapitados y sus hogares incendiados como prueba de aviso para los demás. Las violaciones a mujeres jóvenes en el centro del país han llegado a un punto donde no existen estadísticas fiables en las que apoyarnos. Violaciones que pueden durar días de corrido, hasta que devuelven a las mujeres deshechas a sus padres y sus maridos.

La barbarie crece y crece y crece a la sombra de otras tragedias que corroen el mundo. La violencia sectaria contra los ciudadanos de etnia Peul se está extendiendo en Mali pero también por otros países de la región, ya que un importante número de yihadistas pertenecen a esta etnia y los asustados civiles buscan desesperados a quien culpar de su desgracia. Esto ha supuesto enfrentamientos letales entre miembros de la etnia Dogon y Peul, la masacre de 300 Peul perpetrada en marzo de 2022 por militares malienses y mercenarios rusos e incluso el incendio de hogares y ataques físicos contra Peul residentes en el norte de Costa de Marfil.

Y mientras tanto continúa la retirada de efectivos extranjeros del país, acelerada a nuevas velocidades tras el reciente anuncio de Emmanuel Macron de finalizar la operación Barkhane en el Sahel. Reino Unido, Alemania y Costa de Marfil han anunciado en la última semana su retirada de la misión de la ONU en el país (conocida como MINUSMA) antes del fin de 2023, mientras que otros países europeos como Dinamarca, Suecia, Hungría, Italia y España hace meses que comenzaron a reducir el número de tropas desplegadas en Mali. El agujero negro del mapa se oscurece cada vez y de él solo salen gritos y humo. Como todos los agujeros negros, sólo sabe crecer: ya dijo este martes el presidente de Ghana en una reunión sostenida con otros líderes africanos en Accra que la violencia yihadista corre el riesgo de “engullir” a todo África Occidental si no se toman pronto las medidas oportunas. Medidas cada vez más difíciles de llevar a causa del aislamiento político que sufren Mali y Burkina Faso a raíz de los cuatro golpes de Estado que han sufrido en los últimos dos años, y el agujero negro crece y con él crecen el vacío y el desconocimiento de lo que pueda ocurrir dentro de él.