Internacional

Putin y Lukashenko estrechan sus lazos contra EE UU y la UE

Ambos mandatarios anuncian unas maniobras militares conjuntas en Bielorrusia en 2022

Ambos mandatarios anuncian unas maniobras militares conjuntas en Bielorrusia en 2022
Ambos mandatarios anuncian unas maniobras militares conjuntas en Bielorrusia en 2022 FOTO: ALEXEI NIKOLSKY / SPUTNIK / KREM EFE

El cerco de las potencias occidentales contra el dictador bielorruso Alexander Lukashenko ha tenido un efecto predecible, pero indeseado: estrechar su alianza con Vladimir Putin. Este miércoles, los dos mandatarios se reunieron en San Petersburgo en el que supone su sexto encuentro cara a cara en 2021 y preludio de nuevas citas.

Lukashenko aprovechó su entrevista con Putin para agradecerle el apoyo ruso tras las sanciones internacionales que han tenido como objetivo estrangular la economía bielorrusa y los dos países anunciaron maniobras militares conjuntas el año que viene.

Los puentes entre el dictador y las potencias occidentales se rompieron de manera definitiva tras el pucherazo de las presidenciales de agosto de 2020 y la brutal represión contra los manifestantes. La posibilidad de que las aguas volvieran a su cauce se fueron difuminando tras el secuestro en mayo de un avión que sobrevolaba Bielorrusia con el objetivo de detener a un disidente que viajaba en la aeronave, y las tensiones han alcanzado nuevas cotas tras las oleadas migratorias incitadas por Lukashenko en las fronteras de Polonia, Letonia y Lituania, calificadas por los Veintisiete como un «ataque híbrido». Muchos ven en esta maniobra la huella de Moscú, en un intento de distraer la atención sobre los movimientos de tropas en la frontera con Ucrania.

Los Veintisiete, en connivencia con EE UU, no solo se han limitado a sanciones dirigidas contras las personalidades y empresas involucradas en estos hechos, sino que también han intentado asfixiar la economía del país con castigos al sector petrolífero, el potasio y el sistema financiero. Pero Putin no se ha quedado de brazos cruzados. «Le estoy muy agradecido personalmente , en primer lugar, por lo que hizo con Bielorrusia. Y por el apoyo que nos brindan apoyándonos en este difícil momento de sanciones», aseguró Lukashenko tras calificar las sanciones occidentales como «estúpidas e inútiles». En cuanto a las maniobras militares conjuntas, tendrán lugar en suelo bielorruso, pero ahora debe ser las cúpulas militares de los dos países las que acuerden las fechas.

En noviembre del año pasado, Minsk y Moscú firmaron 28 acuerdos de integración que buscan profundizar la relación de los dos países en ámbitos como impuestos, aduanas, y el acceso a compras estatales y los mercados energéticos comunes, además de acordar políticas en los servicios financieros, la industria y la agricultura, entre otros. A pesar de este acercamiento, ninguno de los dos países prevé la integración política de las dos ex Repúblicas soviéticas.

Cualquier intento de democratización de Bielorrusia parece ahora mismo una quimera, a pesar de ciertos cambios cosméticos como el límite de mandatos para el presidente (dos legislaturas de cinco años frente a la perpetuidad actual). Lukaskenko, quien lleva en el poder desde 1994, quiere seguir manteniendo todo bajo control aunque formalmente deje de ocupar la Presidencia. Los analistas apuntan a que esta reforma de la Constitución, que deberá ser aprobada en referéndum en 2022, está inspirada en los cambios realizados en Rusia por Putin.

La entente cordiale entre Moscú y Minsk se produce en un momento de máxima tensión entre Putin y la UE. Los países europeos llevan semanas avisando a Moscú de que cualquier invasión del territorio ucraniano tendrá consecuencias económicas nunca vistas, pero descartan un paquete preventivo, ya que quieren dar una oportunidad al diálogo. La Unión Europea está coordinando una dura batería de castigos con EE UU, pero aunque se han barajado diferentes opciones, como desconectar a Rusia del sistema internacional de pagos SWIFT, las cancillerías europeas guardan con celo los detalles de hasta qué punto están dispuestas a llegar. La imagen europea de unidad podría quedar ensombrecida si se empiezan a discutir las aristas en público y evita que Putin haga un cálculo de coste-beneficio sobre el precio de invadir Ucrania. La estrategia, además, preserva los canales de diálogo para que Moscú no pueda acusar a los europeos de iniciar al conflicto a la vez que no permite que el Kremlin prepare una contraofensiva económica. De momento, EE UU y Rusia mantendrán una reunión en Ginebra el próximo 10 de enero y la OTAN ha pedido convocar una reunión con Moscú el próximo día 12.

Mientras los informes de los servicios de inteligencia estadounidenses parecen seguros de que Putin está barajando seriamente la invasión que podría producirse a principios de 2022, la diplomacia europea es más cauta y no sabe si estos movimientos son una táctica para que la OTAN se comprometa a no abrir sus puestas a Ucrania. Moscú siempre ha visto como una traición que tanto la Alianza militar como la UE hayan acogido a países de la antigua órbita soviética. Si bien la OTAN no quiere comprometerse a lo que le pide Moscú, en la práctica las posibilidades de adhesión parecen en punto muerto.