Entrevista

Argemino Barro, periodista: “Putin “el Terrible” se consolida con la anexión de Crimea”

El reportero, uno de los primeros en llegar a Donbás, analiza para LA RAZÓN la historia de Ucrania y su relación con Moscú

Argemino Barro, periodista y autor de “Una historia de Rus: crónica de la guerra en el este de Ucrania”
Argemino Barro, periodista y autor de “Una historia de Rus: crónica de la guerra en el este de Ucrania”La Razón

La fascinación de Argemino Barro (Mugardos, 1984) por la era post soviética comenzó en sus tiempos de estudiante con las clases magistrales de un profesor de historia. Premio de periodismo Belarus in Focus por sus reportajes sobre la dictadura de Bielorrusia e investigador visitante de la Universidad de Columbia, fue uno de los primeros en llegar a la región de Donbás, cuando nadie podía imaginar que aquellas tensiones derivarían luego en el peor conflicto que ha visto Europa en tiempos modernos. Su último libro, “Una historia de Rus: crónica de la guerra en el este de Ucrania” (La Huerta Grande, 2020), alterna los testimonios sobre el terreno con un viaje por la historia de un reino medieval que resulta ahora clave para entender los movimientos del Kremlin.

Pregunta: Es imposible entender la guerra de Ucrania sin conocer la historia de Rus de Kiev, protagonista de su libro, ese reino medieval que terminó desmantelado en el siglo XIII.

Respuesta: Rusia invade Ucrania no solamente por intereses geoestratégicos, por la OTAN, por controlar los puertos del Mar Negro. Lo hace sobre todo por un componente emocional que parece que ha ido creciendo en la mente del presidente Vladimir Putin. Y este elemento se puede retrotraer al siglo XIII, cuando los mongoles invaden ese reino medieval que queda fragmentado en lo que hoy conocemos como Rusia, Bielorrusia y Ucrania. Rusia es el primero que crece y se consolida como un estado. Y todos sus líderes, incluso el primer zar, tienen como objetivo la reconquista de Kiev. En el siglo XVII hay una rebelión de campesinos y de cosacos de lo que es la actual Ucrania contra el ocupante de entonces, que era Polonia. En un momento de desesperación, el líder cosaco pide ayuda a los rusos. Éstos entran con la condición de que, cuando se ganara la guerra, se quedaban con lo que hoy conocemos como Ucrania. Y así ocurre. Pero en estos cuatro siglos, entre el final de la Rus de Kiev y la reunificación, los ucranianos habían desarrollado su propio idioma, su élite intelectual, sus academias, su literatura litúrgica y crean lo que es un germen de nación. Y aquí se produce el conflicto. Por un lado, están los rusos que dicen que Ucrania es Rusia y Kiev es tierra madre. Y por otro los ucranianos, que se consideran un pueblo con identidad propia. Ucrania, pese a haber tratado de independizarse antes, no lo consigue hasta 1991, cuando se acaba la Unión Soviética. Esas tensiones duran hasta día de hoy.

P: Ahora se habla mucho de que una de las aficiones de Putin es leer biografías de grandes líderes rusos, en las que se menciona a Poltava, ciudad donde se libró precisamente esa batalla que posibilitó la reunificación con Kiev. Pero Putin no ha sido siempre un líder obsesionado con batallas de hace siglos. En su primera etapa en el Kremlin, se abrió a Occidente, fue recibido por Tony Blair en su primer y único viaje oficial al Reino Unido, estrechó posturas con Clinton y Bush. ¿En qué momento cambia todo?

R: Tal y como explica un biógrafo del presidente ruso llamado Mikhail Zygar, hay un Putin original cuando toma la presidencia en el año 2000, al que llama “Putin corazón de león”. Se trata de un tipo relativamente joven, que hace reformas económicas, que se rodea de una élite compuesta por colegas suyos del KGB y gente cosmopolita. Aquí es cuando se abre a Occidente y permite incluso a los americanos utilizar sus bases militares en Asia central durante su guerra de Afganistán. Pero luego siente que Occidente no le corresponde. Llega otra fase que se puede identificar 2004 con la llamada Revolución Naranja en Ucrania, en la que se empieza a cerrar. La élite macroeconómica cosmopolita empieza a importar menos y los antiguos agentes del KGB empieza a tener cada vez más peso. Comienza una deriva en la que Putin es cada más más nacionalista y desconfiado y acaba siendo lo que Zygar llama “Putin el terrible”, ese líder que se consolida en 2014 con la anexión ilegal de Crimea y con la guerra en el Donbás. Putin es cada más más nacionalista y desconfiado y acaba siendo lo que Zygar llama “Putin el terrible”, ese líder que se consolida en 2014 con la anexión ilegal de Crimea y con la guerra en el Donbás.

“En 2015, ya se advierte que ningún líder ruso toleraría una Ucrania en la OTAN”

P: Hay muchos analistas que consideran que Occidente se equivocó con Putin y el hecho de que la OTAN no solo no terminara con el fin de la Guerra Fría sino que se haya ido extendiendo hacia países de la antigua URSS, cruzó las líneas rojas. ¿Hasta que punto Occidente ha jugado también mal sus cartas?

R: Hay un grupo de pensadores realistas muy interesante con representantes tanto de derecha como izquierda y todos coinciden en culpar de alguna manera a la OTAN de la actitud agresiva de Rusia. Lo interesante es que hicieron profecías. En el año 98, cuando se aprobó la primera ampliación de la OTAN en Europa de Este, George Kennan, el arquitecto de la doctrina de la contención durante la Guerra Fría, advirtió que había que tener cuidado porque aunque Rusia, algún día, recuperaría su presencia internacional. En 2015, ya se advierte que ningún líder ruso toleraría una Ucrania en la OTAN. Pero al mismo tiempo, Rusia habla de sus garantías de seguridad: un país que no es atacado desde 1941 y que desde 1991 ha participado en 14 guerras de agresión. No hay ningún otro país en todo el todo Eurasia que haya atacado a más países. Entonces, ¿quién tiene garantía de seguridad real? ¿Es Rusia o son los países que están entre Alemania y Rusia, que han sido atacados, conquistados, controlados políticamente durante el siglo XX? La garantía de seguridad que realmente cuenta es esa. Y su pertenencia a la OTAN ha demostrado ser una garantía de que van a estar seguros y que van a tener soberanía nacional. Por lo tanto, tenemos una guerra en Ucrania y es una auténtica tragedia. Pero si no estuviera la Europa del Este en la OTAN ¿estaríamos mejor o Putin estaría ahora invadiendo también los Bálticos? Hay por tanto dos puntos de vista encontrados.

P: Putin es ahora un hombre completamente aislado, que no utiliza internet y que recibe información de un equipo que no le sabe llevar la contraria. ¿Ha llegado a perder la cabeza o es simplemente un dictador asesino?

R: Como decía el historiador Stephen Kotkin, ya en el siglo XIX, décadas antes de la OTAN, Rusia tenía el síndrome de fortaleza: cree en todo momento que le están atacando. Putin podría estar respondiendo, por tanto, a dinámicas internas del propio estado ruso que se han repetido a lo largo de la historia, haya en el Kremlin un zar, un secretario general o un presidente. Cuando Rusia empieza con la invasión demuestra además que no sabe realmente lo que ocurre en Ucrania. Hubo mucha gente que se planteó si había perdido la cabeza y era una pregunta legítima. Pero ahora, con esta especie de pausa operacional que vemos por parte de tropas rusas ante la resistencia ucraniana, se demuestra que Putin es racional. Parece que ha renunciado a Kiev y ahora se centra en el Donbás. Cuando Rusia empieza con la invasión demuestra además que no sabe realmente lo que ocurre en Ucrania. Hubo mucha gente que se planteó si había perdido la cabeza y era una pregunta legítima. Pero ahora, con esta especie de pausa operacional que vemos por parte de tropas rusas ante la resistencia ucraniana, se demuestra que Putin es racional. Parece que ha renunciado a Kiev y ahora se centra en el Donbás.

P: Hay algunos analistas que ven críticas las próximas tres semanas llegando a pensar incluso que Ucrania podría acabar ganando la guerra. ¿Lo ve factible?

R: Es difícil de saber porque hay elementos que no conocemos. Por ejemplo, no sabemos cuántas bajas ha sufrido el ejército ucraniano, no sabemos cuánta munición tienen, cuántas armas. No sabemos si el flujo de armas hacia Ucrania puede compensar el rápido uso de misiles Javelin y Stinger. Entonces hay una serie de imponderables que nos hace estar sumidos en la niebla de la guerra. Dicho esto, el ejército ucraniano está respondiendo con un valor, determinación, capacidad y habilidad adaptativa extraordinaria, según los expertos militares. Y los rusos, al contrario. El segundo ejército más poderoso del mundo hace dos meses está demostrando tener todo tipo de problemas. Puede ocurrir que en este replanteamiento de la estrategia, los rusos se vuelvan más hábiles, aprendan de sus errores y traten de hacer una guerra de desgaste. Y el problema que esto crea para los ucranianos es que, aunque luchen bien, pueden quedarse sin suficiente material. La OTAN ya ha dicho que esta guerra puede extenderse meses o años.

P: Usted estuvo en el Donbás muchos años antes de que nadie pudiera pensar que hubiera invasión. ¿Ve posible que al terminar la guerra, Donbás siga como parte de Ucrania? Y no lo digo ya solo por la decisión de mandatarios, sino porque la propia convivencia con el resto Ucrania vaya a ser insostenible. Donbás muchos años antes de que nadie pudiera pensar que hubiera invasión. ¿Ve posible que al terminar la guerra, Donbás siga como parte de Ucrania? Y no lo digo ya solo por la decisión de mandatarios, sino porque la propia convivencia con el resto Ucrania vaya a ser insostenible.

R: Esta guerra va a hacer daño a las relaciones entre rusos y ucranianos durante varias generaciones. No me atrevo a decir que pasará con el Donbás, pero lo que sí me atrevo a decir es que Putin no puede salir de Ucrania con las manos vacías. Y si no ha conquistado Kiev, al menos intentará quedarse con el Donbás y sureste de Ucrania. Y hay una cosa interesante. Putin no necesita a los ucranianos, necesita el territorio de Ucrania y la guerra tiene para él la misión de mandar a los ucranianos fuera.

“Lo que percibimos en Occidente de que Putin va a caer, pero en Rusia se ve de otra manera”

P: El pueblo ucraniano está acostumbrado a vivir en conflicto. Lleva siglos así. En los últimos años, lo vimos con las manifestaciones del Maidán que se extendieron durante meses. La resistencia y lucha por su soberanía va en su ADN. ¿Cree posible que Zelenski vaya a renunciar a una parte de su territorio para firmar ahora la paz?

R: Me parece muy difícil que haga eso, más que nada porque si lo hace probablemente sea un suicidio político, pese a toda la popularidad acumulada con su enorme valentía en estas últimas semanas. Ojala me equivoque, pero creo que iremos a la guerra de desgaste.

P: Da entonces por hecho que cuando termine esta guerra, Putin seguirá en el Kremlin. ¿No hay ningún tipo de posibilidad de ver antes el fin del presidente ruso? Los intentos de asesinato de Zelenski se han abortado por filtraciones de la propia inteligencia rusa. ¿Eso puede dar algún tipo de pista de que pudiera haber una rebelión interna contra?

R: Al inicio de la guerra, se decía que esto podía ser el caso. Pero ahora parece que nos estamos alejando de esa posibilidad todavía más, porque parece que algunas encuestas, demuestran que el apoyo a Putin ha crecido en el último mes. Hay que tener en cuenta que el ecosistema mediático ruso ha sido dominado por la propaganda desde hace muchos años. Lo que percibimos en Occidente de que Putin va a caer, en Rusia se ve de otra manera.

P: ¿Las atrocidades que nos llegan de Bucha son tan solo la punta del iceberg?

R: Me temo que sí. Hay muchos reporteros en unas zonas, pero en otras no y están ocurriendo cosas que aún no sabemos. Recientemente se supo que el servicio secreto alemán había interceptado conversaciones de los rusos por radio y tenía la impresión de que estas atrocidades habían sido una orden premeditada. De hecho, al principio llegaron soldados rusos jóvenes que luego fueron reemplazados por unidades chechenas, conocidas por su crueldad, y de los mercenarios del grupo Wagner, con elementos neonazis. Sabemos además que el servicio secreto ruso más importante tenía un departamento dedicado a Ucrania con 200 oficiales, entre diez y veinte veces más que los departamentos dedicados a otras repúblicas ex soviéticas. Y entre los cometidos de estos agentes, estaban hacer listas negras de Ucrania para cuándo llegase el momento saber a quién atacar.

P: Terminemos hablando de sanciones. Quizá lo que termine salvando a Putin es que Occidente acabe dividiéndose porque hay muchos países europeos, como Alemania, que dependen del gas ruso y no pueden permitirse imponer más sanciones.

R: Por una parte está el Reino Unido y Estados Unidos, que no tienen esa dependencia energética de Rusia, y son los que más aprietan. Y luego está Alemania, que la mitad de su gas viene de Rusia. Son dinámicas que hay que tener en cuenta. Pero por ahora la respuesta de los aliados ha sido muy sólida y unificada. Ese fue otro de los grandes errores de cálculo de Vladimir Putin. Las dictaduras históricamente siempre tienden a menospreciar a las democracias. Creen que son débiles y están fragmentadas, cuando la ventaja que tienen es que son sistemas muy adaptables y muy flexibles y se mueven como pez en el agua en las crisis, como ya se vio en la II Guerra Mundial contra Hitler. A mí lo que me preocupa de las sanciones es que si llegamos a poner casi todas las sanciones posibles, que quizá estemos ya cerca de eso, ya no van a quedar más instrumentos de presión a Putin, porque parece que esto ya lo ha descontado y no tiene nada que perder. Es decir, si mañana usa un armamento químico biológico, que creo que no sea el caso, ¿qué le queda a Occidente? ¿Sancionar otro banco? Me resultaría muy difícil de creer que la OTAN finalmente se implicara directamente en el terreno, por lo que estamos ya prácticamente en un callejón sin salida.