Literatura

Sevilla

Ray Loriga: «El de escritor es un buen trabajo para envejecer»

El escritor madrileño publica “Sábado, domingo”, una historia a dos voces sobre la adolescencia y la edad adulta

El autor, el pasado martes en Sevilla / Foto: Manuel Olmedo
El autor, el pasado martes en Sevilla / Foto: Manuel Olmedolarazon

El escritor madrileño publica “Sábado, domingo”, una historia a dos voces sobre la adolescencia y la edad adulta

Tituló su primera novela, aunque no se publicó así, «Un japonés antropófago».

Era un título malísimo

¿Cómo se le ocurrió?

Porque salía la historia de un japonés antropófago en el libro. Era una historia real.

Y le pareció que tendría «tirón».

Se comió a su novia. La historia era fascinante, no para la novia, pobrecita mía. En la cárcel empezó a escribir libros sobre antropofagia, era muy culto, un poco un Hannibal Lécter. Es verdad que lo del título es importante: tengo un amigo, Coque Malla, ¿sabe quién es?

Claro.

Pues tuvo el grupo «Los Ronaldos» y antes de llamarlo así lo iban a llamar «Aldabillo cultural». Eso sí que fue una gracieta. Luego decía que si se hubieran llamado así no hubieran triunfado nunca.

Su nuevo libro se titula «Sábado, domingo». ¿Cuál es el mejor día para vivir? En domingo parece que nadie quiere...

No sé que tiene, fíjese que yo no trabajo en nada de lunes, no diferencio un día de otro, pero el domingo tiene una especie de tristeza implícita. Creo que viene de la infancia, con los domingos te caía una especie de pena. La amenaza del lunes es peor que el martes mismo.

Está contado en dos partes, la misma persona con 25 años de diferencia: «Sábado» es la adolescencia.

El sábado es la promesa y el domingo la resaca, la reflexión. Por eso está escrito en dos momentos vitales.

¿Cómo le surge la historia?

Quería escribir algo a dos voces sobre quiénes pensábamos que íbamos a ser y quiénes hemos sido: echar las cuentas y ver cuánto suma, si es que hay suma, o darte cuenta de que es una resta. Cuando somos jóvenes, se tiende a pensar que el entusiasmo y la energía están bien pero falta la experiencia; luego, cuando llegas a cierta edad, ves que has ganado poco en experiencia y casi nada en sabiduría y en cambio has perdido la inocencia, la energía.

En su caso, la imagen que proyectaba de sí mismo siendo adolescente, ¿se acerca a lo que ha sido?

Hombre, yo tuve más suerte de lo que esperaba. Al principio escribes un libro y sueñas con que te lo publiquen; luego con que alguien lo lea; sueñas con una buena reseña, con que te lo traduzcan, te den un premio... y todo eso me ha pasado.

¿La buena suerte tiene tanto que ver?

La suerte es importante. Otra capacidad que no tiene este personaje es la resistencia, o la aplica mal, no dejarte tumbar por el primer golpe. Bueno, tiene resistencia para encajar fracasos.

¿Saber encajar, como en el boxeo, es el porcentaje más importante en la vida?

Acaba siendo más importante, encajar y esquivar. El boxeo te enseña que lo más importante es esquivar, rodar el golpe lo llaman. Él va esquivando lo que puede y, lo que no, se lo traga.

En el libro, una chica que conoce a un chico y va a su casa con él y en un momento se oyen gritos. Otro personaje dice una frase: «a lo mejor ella se ha arrepentido y ha cambiado de opinión, lo que está dentro del catálogo de libertades». Ese tipo de situaciones nos las han echado en cara a las mujeres desde hace años.

Una mujer puede decir que no a su marido y en la noche de bodas si no le apetece, solo faltaría. En aquella época (los años 80) me acuerdo por ejemplo cuando Mike Tyson o una estrella del rock fueron acusados de violación y decían: «bueno, qué espera una chica que sube a una habitación a las cuatro de la mañana». Era como... date por violada.

¿Cómo le suena la voz adolescente escrita desde su edad actual?

A mí me suena bien y tenía dudas sobre cómo retomar ese tono que me hacía falta para el libro. No soy la misma persona que hace veintitantos años, pero sí siento que esa voz en concreto me pertenece. Es como intentar jugar al fútbol de mayor y ver que no te salen los regates que te salían.

En la cabeza sí salen.

En la cabeza sí, es lo alucinante. Me acuerdo cuando éramos chicos, tendríamos catorce años, y jugamos un partido contra los veteranos del Real Madrid, con gente como Amancio, que era una leyenda. Les ganamos 8-2 o algo así. Y Amancio me dijo: «joé, es que contra la edad no hay quien juegue».

¿En todo en la vida?

No, afortunadamente el trabajo de escritor es un buen trabajo para envejecer. Para empezar porque lo haces sentado (risas) y porque vas acumulando lecturas y teniendo más registros.