Alquilar por horas piscinas privadas, un negocio en alza en Madrid

Se dispara la demanda de madrileños que buscan reservarlas. Una plataforma, Swimmy, ya funciona como un «Airbnb de las piscinas»

«Ahora mismo, ganar un euro es como ganar diez», comenta Percy North. Este vecino de Las Rozas, de origen peruano y residente en nuestro país desde hace un año, es uno de los muchos ciudadanos que han visto su vida trastocada por el coronavirus. Está afectado por un ERTE y los planes que tenía de abrir un bar en Las Rozas (ya cuenta con varios locales en Perú) quedan, de momento, aplazados. En mayo, vio que tenía una vía de escape justo en la puerta su chalé. Un desahogo de 10 metros de largo, cinco de ancho y con una profundidad de 1,80 metros: su piscina. «Buscaba tener algún ingreso. Me sorprendió la cantidad de noticias que había en torno a las piscinas y el interés de la gente que quería saber si podría bañarse o no», dice Percy. Dicho y hecho: en apenas unos días, ya tenía peticiones de gente interesada, a una tarifa de 12 euros por persona (seis para los menores), en turnos de mañana o tarde.

Solo un tercio del aforo permitido, prohibición de usar duchas, mantener dos metros de separación entre usuarios... Las medidas sanitarias en las piscinas municipales, acordes a la «nueva normalidad», y las consiguientes dificultades que van a entrañar a la hora de conseguir hacerse un hueco en los recintos, están motivando que muchos madrileños opten por una alternativa hasta ahora inédita en nuestro país: alquilar una piscina privada. Una opción que desde hace un año hizo posible Swimmy, compañía francesa que aterrizó en nuestro país en 2019. Podría definirse como un «Airbnb de las piscinas»: los propietarios que cuenten con una, las ponen en alquiler fijando el precio, horario y condiciones. Con Francia y ahora con su implantación en España, la compañía ha multiplicado por ocho su volumen de negocio respecto al año pasado. ¿El precio? En Madrid, la media aproximada es de 13,5 euros por persona.

Además de las piscinas ponen a disposición del cliente el jardín para teletrabajar mientras los niños se diviertenCipriano Pastrano DelgadoLa Razón

Anaïs Ferrández, dircom de Swimmy, explica que nuestra región vive un «exceso de demanda». Por el momento, son quince los propietarios que han puesto sus piscinas a disposición de sus clientes, pero ya hay casi un centenar de personas que han acudido a la compañía buscando un sitio para bañarse. «Estamos cerca de doblar las cifras con respecto al año pasado», afirma Ferrández. ¿Los motivos? «Las colas a las puertas de las piscinas municipales, el bullicio, el hecho de que los veranos en Madrid son a 40 grados a la sombra... A raíz del estado de alarma, ha habido un boom de usuarios. Esta es una opción que permite desde celebrar un cumpleaños o una despedida de soltero o pasar un día con los niños, con la privacidad y la tranquilidad que proporciona una piscina privada», dice. De hecho, el agua clorada, con el tratamiento habitual (un nivel de cloro libre mayor o superior a 0.5-1 mg/l), tiene capacidad de sobra para eliminar cualquier virus o germen.

«Desde que Pedro Sánchez decretó el cambio de fase en Madrid, tengo todo ocupado hasta el mes de septiembre», afirma por su parte Virgina Sainz, propietaria de dos casas y sus respectivas piscinas en la localidad de Sevilla la Nueva. Así, cuenta entre sus clientes con una familia que acude todas las mañanas, de lunes a viernes, ya que los padres pueden teletrabajar allí por obra del wifi. En su caso, la tarifa va de los 15 a los 30 euros. «El usuario tiene que pensar que adquiere un servicio exclusivo. Tienen a su disposición todo el jardín, las hamacas. una barbacoa...», explica.

El hecho de que se trate de piscinas de particulares no significa que se relajen las labores de desinfección. Más bien lo contrario. En el caso de Virginia, además de los correspondientes carteles informativos, el obligado uso de mascarillas y el gel hidroalcohólico, cuenta con máquinas de ozono para limpiar en profundidad todas las zonas afectadas. Por su parte, Percy recibe a sus inquilinos «con el nuevo abrazo: hidrogel en las manos. Después, les explico las medidas básicas y, una vez que se retiran, es cuando comienza nuestro trabajo. Llevamos a cabo una limpieza general, a través de una maleta de desinfección con una sustancia clorada, similar a la que usa la UME. La pasamos por los bancos, las sillas, la barbacoa...».

Virginia permite a sus clientes usar parte de la casa, salvo la cocina, y cuentan con un acceso al baño exterior. Mientras, en el hogar de Percy, además de la piscina, ofrece a los inquilinos un «mini departamento», independiente del chalé, que cuenta con un baño y un pequeño salón. De hecho, en los últimos días se han celebrado allí dos cumpleaños: el de una niña y el de un hombre de 69 años.

¿Cuál es el perfil?

El perfil del propietario responde a una familia de clase media-alta, «habitualmente más mujeres que hombres», afirma Ferrández. Y, sobre todo, es gente que «quiere aprovechar una piscina que no siempre logra rentabilizar». Algunos de los propietarios, ademas, quieren conocer antes a sus nuevos inquilinos con una breve entrevista por videollamada. No en vano, van a tener acceso a zonas comunes de la casa.

El Escorial, Las Rozas, Galapagar, Aranjuez, Navalcarnero, Estremera y Villaviciosa de Odón son algunos de los destinos de los madrileños que esta verano están a la caza de una piscina privada. También hay usuarios que, ya desactivado el estado de alarma, pueden desplazarse a provincias limítrofes y a localidades como Casarrubios del Monte (Toledo) o Alovera (Guadalajara).

¿Y la convivencia con los clientes? Percy está encantado con la experiencia. «Me sorprende lo limpio que dejan todo. A veces me dicen que, si mis hijos quieren bañarse, no hay ningún problema. Pero cuando es un cumpleaños, es un momento íntimo y tu presencia interrumpe».