El supuesto espionaje y la debilidad de Sánchez

«Estamos ante el Gobierno más voluntarista, inestable, frágil y errático que hemos tenido desde la Transición»

FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Es lógico que los barones socialistas estén muy preocupados con los tóxicos apoyos parlamentarios que tiene el Gobierno socialista comunista. Los intentos de situarse en la moderación y la centralidad pierden toda su credibilidad cuando las normas salen gracias al decisivo apoyo de los albaceas de ETA. Durante décadas, la sociedad española sufrió los atentados terroristas. El PSOE, al igual que el PP, fueron los partidos que dieron un doloroso tributo de sangre en la defensa de la democracia. No hace tanto tiempo que la banda fue derrotada y ahora se ha convertido en un socio “respetable” para La Moncloa. El despropósito no puede ser mayor. Los que aplaudían y apoyaban las acciones terroristas o incluso participaban en ellas, los que formaban parte de ETA y su dirección, son ahora aliados parlamentarios. No se trata de que coincidieran en una votación, sino que se prefirió pagar el pago político de su blanqueamiento a negociar con el PP que es el principal partido de la oposición. El PSOE ha perdido cualquier legitimidad en el terreno de los pactos, porque ningún acuerdo puede alcanzar, ni de lejos, el grado de repugnancia que comporta abrazarse con los herederos de ETA.

Los independentistas y los bilduetarras son formaciones tóxicas para el PSOE. Es cierto que ofrecen sus votos para que el Gobierno se mantenga, pero el desgaste ético y el coste electoral que se está pagando es impresionante. La izquierda política y mediática está volcada en el blanqueamiento. Una línea de actuación es glosar la oportunidad que ha desaprovechado Feijóo de pactar y desmarcarse de lo que hacía Casado. La verdad es que no pueden resultar más ridículos, porque es tanto como pretender que el PP se convierta en el sumiso palmero de Sánchez. La falta de rigor de algunos medios de comunicación, periodistas y columnistas, que no citaré por compañerismo y respeto a su línea editorial, es impresionante. El líder del PP no puede aceptar que la política española se convierta en un trágala por el que el aparato gubernamental impone los reales decretos-leyes que hay que asumir sin rechistar. Es muy poco serio. En ningún país de la Unión Europea se tomaría en serio a quien pretendiera que sistemáticamente el primer partido de la oposición tuviera que sumarse sin ninguna negociación previa a la voluntad del presidente del Gobierno. En cambio, en España escuchamos y leemos como se critica al presidente del PP por no aprobar la convalidación de un decreto de medidas anticrisis que se plantea como la panacea. Al igual que sucederá con las previsiones macroeconómicas presentadas por Calviño, son mucho ruido y pocas nueces. La realidad es que no se cumplirán.

Estamos ante el Gobierno más voluntarista, inestable, frágil y errático que hemos tenido desde la Transición. Lo único importante es la propaganda. Todo es consecuencia de su fragilidad parlamentaria, porque los 120 diputados del PSOE son insuficientes para ejercer la denominada geometría variable. Al final, salvo que quiera provocar la ruptura con el telepredicador populista, Pablo Iglesias, y sus fanáticos seguidores, no le queda otra salida que abrazarse con los independentistas, los comunistas, los antisistema y los herederos de ETA. No es una posición muy centrada que digamos. En este caso, no se necesita a un sobrevalorado politólogo para que haga uno de sus análisis voluntariosos y pretenciosos sin fuentes, más allá de las teorías, que sustente las conclusiones.

Es bueno recordar que Sánchez no tiene ninguna simpatía hacía Iglesias y Podemos, los bilduetarras y los independentistas. No es un secreto que añora los tiempos de Felipe González o Zapatero. Y ahora le toca, además, aguantar el supuesto espionaje que es una maniobra independentista destinada a doblegar la voluntad gubernamental en su beneficio. El primer resultado ha sido la injustificable e inaceptable ampliación de los integrantes de la comisión de secretos oficiales para incorporar a los socios más tóxicos. Es decir, aquellos que querrían acabar con la Constitución y destruir a España. Estamos ante otra foto, que unida al voto de Bildu al decreto, favorece enormemente al PP. No hay que sorprenderse ante la inquietud electoral de los barones socialistas que tienen que revalidar sus mandatos autonómicos el próximo año. Una vez más, el argumento de los albaceas de ETA y los independentistas es demoledor para sus expectativas. Algunos comentan que estamos ante un fin de ciclo como sucedió con los últimos años de Felipe González o Zapatero. Era entonces evidente que el PSOE caminaba con paso firme a las derrotas de 1996 y 2011.

Conviene no olvidar que la polémica alrededor de Pegasus busca provocar la caída de Margarita Robles, una ministra rigurosa y eficaz, así como una jurista excepcional. Este sistema fue adquirido en tiempo de Rajoy y el proceso de espionaje de las comunicaciones fue iniciado en época de Félix Sanz Roldán. Por tanto, es un tema muy antiguo que ha salido a la luz pública en el momento en que resulta más útil para el entramado independentista y está siendo utilizado por Puigdemont. Lo que sucede, además, causa un enorme perjuicio, que puede llegar a ser irreparable a corto y medio plazo, para los servicios de inteligencia. Es difícil de justificar la presencia de esos socios tan tóxicos en una comisión tan importante como es la de los fondos de reservados. A esto se une que el socio preferente de Sánchez es Unidas Podemos que causa inquietud y rechazo en cualquier democracia. Una formación con vínculos con los populismos y autoritarismos hispanoamericanos o el régimen teocrático de Irán.

Francisco Marhuenda es catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).