Permitido odiar a los hombres... ¿También a las mujeres?

Se edita en España «Hombres, los odio», libro escrito por la joven Pauline Harmange y que en Francia despertó gran polémica por mostrar ideas ligadas al concepto de misandria

Una manifestante en la concentración feminista que tuvo lugar en la Puerta del Sol de Madrid contra el fallo judicial de La ManadaChema MoyaEFE

Odiar a los hombres como reacción natural a siglos cargados de misoginia. Esta es, en pocas palabras, la tesis que defiende el ensayo que llenó de controversia el pasado mes de septiembre la rentrée literaria en Francia y que ahora llega a nuestro país de la mano de la editorial Paidós. «Moi les hommes, je les déteste» (cuya traducción responde a algo así como «Hombres, los odio»), un pequeño libro de noventa y seis páginas de la joven escritora Pauline Harmange, de veinticinco años, que giran entorno al concepto de misandria, la aversión a los varones, y en el que la autora abunda en la idea de que si los hombres han dado a las mujeres todas las razones del mundo para que no les gusten, igual a las mujeres se les debería permitir no amar la especie masculina como un todo. Harmange, que se declara feminista y bisexual, se basa, sobre todo, en las experiencias que habría tenido trabajando para una organización no gubernamental que ayuda a las víctimas de agresiones y abusos sexuales. «Y puedo afirmar con certeza que la mayoría de los agresores son hombres», ha señalado en varias entrevistas.

La cuestionable tesis que establece una línea simétrica con la misoginia, cuando el feminismo históricamente ha intentado posicionarse como todo lo contrario, no hubiese pasado de vender un puñado de ejemplares publicados por una pequeña editorial independiente. Pero Harmange tuvo la suficiente y estratégica habilidad de plantar al librito un título de guerra y esperar a que alguien picara el anzuelo para hacerle la campaña publicitaria y disparar las ventas. Y en ese preciso momento fue cuando hizo su aparición Ralph Zurmély, asesor del Ministerio de Igualdad, que quiso sacarlo de las librerías por considerarlo un absoluto ataque de odio. Y lo que provocó fue justo el efecto contrario. En una edición de 450 ejemplares lanzada a mediados de agosto pasó a una tercera edición con miles de ejemplares en la primera semana de septiembre, entrando en el catálogo Editions Seuil, una de las editoriales más grandes del país y dopado ya por ese promotor inconsciente que es la amenaza de censura, cuyos efectos suelen ser sobresalientes en un país como Francia. Vamos, la jugada perfecta.