Subida de los precios: el INE sobrevalora el daño de la electricidad en el IPC

Recoge la evolución de los precios del PVPC, que solo supone el 38% de los contratos de hogares y que sufre más la escalada de la luz

Tienda de lámparas e Madrid,
Tienda de lámparas e Madrid, FOTO: Gonzalo Pérez Mata La Razón

El IPC es una de las estadísticas oficiales con mayor impacto en la vida diaria de los ciudadanos. No solo porque refleja las oscilaciones o el estancamiento de los precios de los productos más usuales sino porque incide directamente en la revalorización de las pensiones, en los alquileres, en la actualización de las primas de seguros y otros contratos, en los impuestos y tasas, y como deflactor en la Contabilidad Nacional. Además, un alza desmedida puede provocar el temido efecto de «segunda vuelta», que empuja a los salarios ante la pérdida de poder adquisitivo, un efecto dominó que pone la primera piedra para la estanflación, la hidra de tres cabezas: recesión, paro y pobreza ante la que los bancos centrales tienen poca capacidad de maniobra sin provocar daños colaterales.

El índice de precios al consumo marca en buena medida la política económica como demuestra que el máximo objetivo del BCE es mantener sostenido un tenue crecimiento óptimo de los precios en el entorno del 2%, lo que garantiza la estabilidad. Es por ello que la correcta medición del IPC resulta crucial para marcar el rumbo de la política monetaria.

Ante esta responsabilidad, el cálculo de IPC no escatima análisis, cábalas y ponderaciones. Para empezar, analiza los cambios de precios de una cesta con 479 artículos. El número de precios procesados al mes es de 220.000. Todo esto se pasa por el filtro de una fórmula: la de Laspeyres encadenado. La precisión con que el IPC mide la evolución de los precios depende, entre otros factores, de la estabilidad de las características de los productos seleccionados.

Como el ideal de la estabilidad de los productos no siempre se cumple, es preciso recurrir a ajustes que corrijan los cambios producidos en la muestra de productos y que permitan estimar la variación de precios. Estos «retoques» se conocen como ajustes por cambio de calidad, un problema que en los últimos años se ha agravado por la velocidad a la que cambian los productos con las nuevas tecnologías. En definitiva, los ajustes a esos 220.000 precios hacen que la fórmula final sea casi un enigma de variables y sumatorios.

El mayor peso dentro de esta cesta de productos, con datos de octubre pasado, la tienen los alimentos y las bebidas no alcohólicas con cerca de un 23,6% de ponderación. El siguiente grupo en relevancia lo tiene la vivienda, en el que se incluyen el agua, la electricidad, el gas y otros combustibles, con un peso cercano al 13,6%, seguido del transporte, con una incidencia del 12,4% y los restaurantes y hoteles, con un 11,6%.

La tasa anual del IPC general en el mes de octubre fue del 5,4%, casi un punto y medio por encima de la registrada el mes anterior y la más alta desde septiembre de 1992. El grupo «vivienda» registra la mayor variación anual, nada menos que en el 20,5%, seis puntos por encima de la registrada el mes pasado, causada por el aumento de los precios de la electricidad y, en menor medida, del gas y el gasóleo para calefacción, frente a los descensos registrados en octubre de 2020, según reflejó el propio INE en la presentación de los resultados del mes pasado.

Sin embargo, algunos economistas consideran que la medición del IPC no es la correcta y puede provocar distorsiones con un impacto incierto en la vida de los ciudadanos. El consenso indica que el IPC debería medir el gasto mínimo necesario que debe realizar un hogar para obtener el mismo nivel de bienestar (o utilidad) en un periodo determinado. Por tanto, debería considerar que los consumidores pueden sustituir los bienes habituales de su canasta como respuesta a un cambio brusco en los precios. También debería considerar los nuevos bienes en el momento en que se empiezan a consumir y recoger los cambios en los hábitos de compra, como el aumento de las compras por internet, cada vez mayores.

En cualquier caso, el IPC se enfrenta a varios sesgos que el INE trata de mitigar con más o menos éxito. Entre ellos, el riesgo de sobreestimar la subida, por ejemplo, de los alimentos, que pueden ser fácilmente sustituibles. Así, si la carne roja se dispara, el consumidor puede consumir más pollo o conejo, entre otras posibilidades.

Tras esta aproximación a un indicador muy complejo, los últimos datos arrojan una correlación directa entre el incremento del IPC y el alza histórica de los precios de la electricidad. De hecho, el índice comienza su escalada en las mismas fechas en las que el megavatio hora en el mercado arranca su escalada durante la primavera ¿Pero es tan fuerte la dependencia de la luz en los precios generales?

Efectos indeseados

«Hasta hace nada, la medición de la evolución de los precios de la electricidad no era una preocupación porque la energía se mantenía en unos rangos estables en el largo plazo. Sin embargo, con la escalada de los últimos meses, el impacto de la electricidad en el IPC, si la medición es presumible mente incorrecta o mejorable, implica que se pueden producir efectos indeseados», explica a este diario Diego Rodríguez, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid e investigador de Fedea.

Rodríguez considera que si el INE toma como base para medir la evolución de los precios de la electricidad solo el mercado regulado y el PVPC, está dejando fuera a la mayoría de hogares. «La metodología del INE sobre la energía se desconoce al detalle último. No se sabe con certeza cómo hace la prospección, pero creemos que es el precio regulado el que se toma como base. Si es así, nos podríamos llevar alguna sorpresa, ya si es solo el PVPC únicamente están tomando la muestra de una parte de la evolución del precio, dejando al margen a todos los consumidores del mercado libre. El INE debería apoyarse no solo en la CNMC, sino en los comparadores de precios eléctricos y del gas de Competencia, además de en los agentes del sector», añade.

Efecto dominó en los precios

¿Pero efectivamente el IPC recoge solo los precios del PVPC, olvidándose del mercado libre? La respuesta de Estadística a LA RAZÓN es que «en el caso de la electricidad se utilizan datos de la CNMC (consumo y potencia media, tipología de usuarios) y de Red Eléctrica Española (pool de precios PVPC)». Así pues, en lo que respecta a los precios es el mercado regulado el que marca la influencia de la electricidad en el IPC pese a que apenas representa el 38% de la cuota de mercado doméstico (10,9 millones de suministros), por el casi 62% de los hogares que cuentan con un suministro contratado en el mercado libre (17,8 millones), según los datos de la CNMC.

Unos porcentajes que van en aumento desde hace años en favor del mercado libre, con precios fijos pactados entre el suministrador y el cliente. Así, los suministros domésticos en el mercado libre han crecido en más de un millón desde mediados de 2017, mientras el PVPC ha perdido 700.000 clientes. Se da la circunstancia, además, de que «el consumidor en mercado libre soporta de una manera mucho más atenuada las variaciones derivadas del precio de la electricidad en los mercados mayoristas que el consumidor acogido al PVPC, desde que en el año 2014 se pusiera en marcha de este mecanismo», según admite la CNMC.

La distorsión está servida y provoca un efecto bola de nieve. «Pasa siempre en todos los fenómenos inflacionistas, si el de al lado sube los precios, yo también. Un buen ejemplo es el de un obrador, que es electrointensivo a pequeña escala, y que tendrá un contrato fijo (solo el 0,8% del segmento industrial está en el PVPC y el 1,3% de las Pyme). Como el IPC está en el 5,4%, sube el precio de los productos aunque su recibo sea similar. Luego la panadería, lo repercute al cliente y se va alimentando la espiral», concluye Rodríguez.