España ganará este año el Mundial... de la inflación

Acabará 2022 con un 9,1%, el nivel más alto de los países de la OCDE y del G-20, salvo Turquía. El PIB crecerá en 2023 la mitad del cálculo de Moncloa

Imagen de la subida de precios de alimentos en mercados de Madrid
Imagen de la subida de precios de alimentos en mercados de Madrid FOTO: Jesús G. Feria La Razon

De lo que ocurra en el Mundial de fútbol de Catar y quién será su ganador solo habrá noticias cuando se juegue la final el 18 de diciembre. Tampoco hay certeza absoluta de lo que pueda suceder con la inflación en los tres meses que restan de ejercicio. Pero si hay un claro favorito para alzarse como campeón del mundo de la inflación entre los países más desarrollados del mundo, ese es España. Dejando a un lado a Turquía, cuyo IPC juega en la liga de la hiperinflación (71%), la economía española apunta a cerrar el año con la inflación más elevada de todos los países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y el G-20, los dos clubes que engloban a las economías más poderosas del mundo.

FOTO: T. Nieto

Según el informe intermedio de Perspectivas Económicas de la OCDE publicado ayer, España será este año, con un 9,1%, el país con la tasa más alta de los que forman parte a la vez de estas dos organizaciones, por encima del Reino Unido (8,8%), de Alemania (8,4%) o de Italia (7,8%), pero sobre todo de Estados Unidos (6,2%), Francia (5,9%) o Japón (2,2%).

Los analistas de la OCDE creen que la situación debería mejorar algo el año próximo, pero sin volver ni de lejos a la situación que había antes de la crisis desatada por la pandemia y la invasión de Ucrania. La inflación prevista en España será en 2023 del 5%, inferior entonces sí a la del conjunto de la zona euro (7,5% en Alemania, 5,8% en Francia, 4,7% en Italia). Como en el caso del Reino Unido (5,9%), los precios van a seguir afectados por el problema del aprovisionamiento energético.

Ayudas

Para hacer frente a los efectos de estas subidas de precios descontroladas, la OCDE está de acuerdo en que hacen falta ayudas públicas. No obstante, advierte de que eso se debe hacer con carácter «temporal y concentrado en los más vulnerables». No, por tanto, con subvenciones generalizadas como ha hecho España, por ejemplo, con la subvención de 20 céntimos por litro para los hidrocarburos. La organización aboga también por retirar esas ayudas conforme baje la presión de los precios de la energía y mantener los incentivos para reducir el consumo de energía. Los esfuerzos a corto plazo para hacer abordable la energía tienen que acompañarse de «medidas políticas más fuertes para incitar a la inversión en tecnologías limpias y eficiencia energética», según la OCDE.

Las previsiones de septiembre de la OCDE también vaticinan un futuro a corto plazo bastante complicado para la economía española. La organización ha mejorado en tres décimas, hasta el 4,4%, su pronóstico de crecimiento para este ejercicio respecto de lo que había previsto en su anterior informe de Perspectivas Económicas de junio. Sin embargo, la OCDE es más pesimista que el Gobierno, incluso después de la revisión a la baja de la semana pasada, sobre el crecimiento económico en 2023 y solo espera ahora una progresión del producto interior bruto (PIB) del 1,5%. El club de los países más avanzados corrige así a la baja en siete décimas sus proyecciones de junio para tener en cuenta un escenario global, y sobre todo europeo, más pesimista.

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Ese 1,5%, que en cualquier caso estará netamente por encima del discreto aumento del 0,3% que se augura para el conjunto de la zona euro (sobre todo por la recesión que se espera en Alemania) y del estancamiento de la economía británica, queda por debajo del «entorno del 2%» que dice esperar ahora el Gobierno, tras haber abandonado el 2,7% de su último cuadro macroeconómico. Un escenario que limitaría mucho las previsiones de ingresos que ha realizado el Ejecutivo de Pedro Sánchez de cara al futuro.

Si a la economía española le esperan tiempos de estrecheces es, en buena medida, por el incremento de los costes de la energía, que según la OCDE se han disparado desde el 5% del PIB que representaban en el periodo 2019-2021 hasta el 11%. El porcentaje es inferior al de otros países como Italia (por encima del 13%) y Japón (algo por debajo del 12%), pero superior al de Francia y Alemania (ambos ligeramente inferiores al 10%), el Reino Unido (8%) y, sobre todo, los Estados Unidos (6%).