La guerra que saquea el bolsillo y apaga la luz

El recibo eléctrico más caro deja un invierno de pesadilla, con 750.000 hogares sin poder comprar alimentos básicos

Evolución anual del IPC
Evolución anual del IPC FOTO: T. Nieto

Una de las principales secuelas de la guerra de Putin, al margen del destrozo para Ucrania y la propia Rusia, es que la economía global se enfrenta a una contracción sobre las expectativas de crecimiento previas, con un empobrecimiento generalizado y global como consecuencia de las tensiones energéticas. Y es que, la invasión dinamitó el mercado del gas y del petróleo, muy tensionado ya por la recuperación tras la pandemia y las políticas restrictivas del cartel petrolero, hasta alcanzar picos históricos en marzo y abril.

España, que depende al 78% de las importaciones de hidrocarburos procedentes de fuera de la UE y con una alta vinculación del gas en el mercado eléctrico (17% de la generación en 2021) ha sufrido el impacto de las turbulencias energéticas. Ni con la entrada en vigor del mecanismo ibérico que establece un tope al gas natural para generación eléctrica ha habido respiro para la factura de la luz.

De hecho, su persistente alza, agravada por la crisis energética derivada de la invasión rusa de Ucrania, ha provocado ondas sísmicas que han sacudido a toda la economía española, desde la industria hasta el transporte, pero muy especialmente en la cesta de la compra, contrayendo los bolsillos de todos los ciudadanos y cambiando hábitos de consumo.

Las medidas adicionales del Gobierno han mitigado el alza del recibo eléctrico en plena guerra del Ejecutivo a las grandes del sector energético (gasistas, petroleras y eléctricas), a las que detraerá 2.000 millones con el nuevo impuesto sobre los supuestos «beneficios extraordinarios» obtenidos en 2022 y 2023.

Aunque el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comprometió de nuevo su palabra asegurando que los españoles pagarían en 2021 una factura de la luz semejante a la de 2018 y esta acabó siendo de 79 euros de media mensual (949 euros anuales) mientras que la de 2018 fue de 67 euros al mes (806 euros), según los cálculos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), en 2022 los recibos han superado el récord del año precedente. La misma OCU calcula una factura media de 108 euros hasta noviembre, lo que implicaría bordear un coste anual de 1.300 euros solo en el recibo de la luz, 347 euros más que en 2021.

Está por ver si se mantiene en invierno y en el segundo trimestre de 2023 la tregua de noviembre y diciembre, gracias a la leve caída de los precios del gas, aún muy por encima de los 130 euros el megavatio hora en el mercado holandés TTF y a la mayor aportación de la eólica, lo que ha facilitado un menor consumo de gas.

Por su parte, el mercado del gas ha vivido un éxodo de clientes a la tarifa regulada, que el Gobierno ha decidido subvencionar al prorrogar durante todo 2023 la intervención del precio del gas, movilizando cerca de 3.000 millones de euros para beneficiar a 4 de cada 10 hogares, incluidas las comunidades de vecinos con calderas comunitarias.

Esta intervención del mercado con cargo a los presupuestos ha hecho que la tarifa del gas sea tres veces más cara en el mercado libre que en el regulado, según los cálculos de Facua. El Gobierno defiende que estas subvenciones –generalizadas sin importar en nivel de renta tanto en el capítulo energético como en el de las gasolinas (20 céntimos de descuento por litro repostado) han logrado atajar la derivada más peligrosa de esta espiral: su traslación a la cesta de la compra. Un indicador que perciben todos los ciudadanos y que desangra especialmente a las rentas más bajas, que quizá no dispongan de coche o lo dejen aparcado, pero no pueden dejar de comer.

Es cierto que, con estas medidas y la tibia relajación energética, la inflación ha ido rebajando su alza del tope del 10,8% en julio al 6,8% de noviembre, pero la subyacente, sin energía, está en el 6,3%, con 750.000 hogares sin poder hacer frente a la compra de alimentos básicos, que han subido entre un 50% y un 30% en un año, como el azúcar, el aceite, los huevos o la leche.

Según la OCU, para un hogar medio, hacer la compra cuesta 830 euros más que hace un año. Una tormenta que está lejos de amainar en 2023.