Iglesias se convierte en vicepresidente en la sombra

Moncloa asume que el líder de Podemos seguirá siendo su interlocutor desde fuera del Gobierno y preocupa que tenga un potencial desestabilizador mayor que antes

Pablo Iglesias interviene en una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados
Pablo Iglesias interviene en una sesión plenaria en el Congreso de los DiputadosEUROPA PRESS/A.Ortega.POOL

Pablo Iglesias participará hoy en su último Consejo de Ministros. Una salida precipitada del Gobierno, forzada por una incompatibilidad sobrevenida entre su condición de vicepresidente y candidato que, en Unidas Podemos, no habían calibrado. Esta eventualidad ha obligado a acelerar la sucesión sobre los plazos previstos, ya que Iglesias pretendía quedarse en el Gabinete, al menos, hasta mediados de abril. Desde el PSOE critican la escasa solvencia del equipo jurídico morado, que no había previsto esta circunstancia, pero desde que se conociera su obligación de abandonar Moncloa, la maquinaria se ha puesto a funcionar.

Quienes pilotan la sucesión son Iván Redondo, jefe de Gabinete del presidente, y Juanma del Olmo, secretario de Comunicación del vicepresidente. La relación entre ambos es fluida y se mantienen en contacto constante. No en vano, fue del Olmo quien informó a Redondo de que Iglesias dejaba el Gobierno para presentarse a las elecciones del 4-M. Ambos han engrasado el proceso para que sea lo menos traumático posible y llevan días preparando a Ione Belarra para asumir las riendas del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda Urbana y esté al tanto de los asuntos principales. Sánchez e Iglesias, por su parte, apenas han intercambiado algunas impresiones sobre el día después de la salida del vicepresidente, su relación se enfrió hace meses, cuando interrumpieron una coordinación «que no funcionaba».

En Moncloa no ocultan su alivio por la salida de Iglesias, porque entienden que el clima interno mejorará ostensiblemente. Sin embargo, el optimismo se queda ahí, porque también son conscientes de dos realidades. La primera de ellas es la omnipresencia de Iglesias, porque, aunque él esté fuera del Gobierno, seguirá siendo un interlocutor plenamente válido como líder de Podemos. Cierto es que la intención es que sea Yolanda Díaz quien asuma el liderazgo del bloque morado en el Gabinete y que despache los temas de intendencia de la coalición. De hecho, desde Unidas Podemos aseguran que, en adelante, será la interlocutora directa con Pedro Sánchez, y que tendrá la misma autoridad de la que gozaba Iglesias hasta ahora, pero en el sector socialista dudan de que en la práctica Iglesias vaya a ceder el papel de «desatascador» de los asuntos más enconados. Sobre todo, porque los socialistas reconocen que la nueva vicepresidenta tercera no comparte esa visión de confrontación política constante dentro del Gabinete. Y aquí reside la segunda cuestión, en el Ejecutivo preocupa que el líder de Podemos tenga un potencial desestabilizador mayor desde fuera del Consejo de Ministros, que el que ya desplegaba cuando estaba dentro.

Ahora, asumen, tendrá manos libres para presionar sin las reticencias que podía tener antes por estar integrado en la institucionalidad. Es una percepción que no se niega dentro de la cuota morada de Gobierno. Iglesias se encuentra ahora centrado en la campaña electoral en Madrid, sin embargo, una vez se conforme el nuevo ejecutivo regional, las fuentes consultadas no descartan que en el futuro el vicepresidente pueda desempeñar un papel importante, a la sombra de Yolanda Díaz, independientemente del resultado en la capital. De hecho, ven posible una especie de bicefalia Díaz-Iglesias en la coalición. Esto se explica de la siguiente manera: cuando una negociación en la coalición encalle en el despacho de Sánchez, la mano del ex vicepresidente se hará patente. Aparecerá el «aliado Iglesias». O bien en una conversación entre los dos máximos líderes de partido, o, desde el altavoz que propician los medios y las redes sociales, con el objeto siempre de seguir explotando la máxima de visibilizar el conflicto entre las partes para ganar los pulsos en Moncloa.

Las tensiones internas, seguirán, más si cabe en plena campaña electoral en la que la vivienda está en el centro del debate de propuestas. La nueva vicepresidenta tercera mantiene además un pulso abierto con Nadia Calviño, que ahora asciende a la Vicepresidencia segunda, por cuestiones de fondo como la subida del Salario Mínimo, el alcance de la reforma laboral o la ambición del escudo social. También está por calibrar cómo se desarrolla la relación de Margarita Robles con Belarra, que no se conocen, después de que en el pasado ésta última haya vertido graves ataques contra la ministra de Defensa desde sus redes sociales. En cuanto a la reconversión de alianzas en la coalición, desde Unidas Podemos se confiesan tranquilos, pues, dibujan un nuevo escenario en el que ganará peso político la ministra de Igualdad Irene Montero, al igual que el hasta ahora diputado del PCE, Enrique Santiago, que entrará en el Gobierno en sustitución de Ione Belarra como secretario de Estado para la Agenda 2030. El también diputado de Unidas Podemos mantiene una estrecha relación tanto con Iglesias como con Yolanda Díaz. Un dato más que asegura la futura interlocución directa con el ex vicepresidente. A nivel orgánico, el tanto Pablo Echenique como Jaume Asens continuarán siendo los principales valedores de Iglesias en el Congreso de los Diputados. Son quienes sostienen la negociación parlamentaria con la parte socialista encabezada por Adriana Lastra y seguirán actuando como «oposición» al Gobierno siempre que las negociaciones en Moncloa encallen.