La dimisión de Iglesias pone fin a las protestas ante el chalé de Galapagar

Se mantiene el amplio dispositivo de seguridad a cargo de la Policía y la Guardia Civil

Casa de Pablo Iglesias e Irene Montero en el termino de Galapagar, que mantiene el dispositivo seguridad de la Policía y la Guardia Civil
Casa de Pablo Iglesias e Irene Montero en el termino de Galapagar, que mantiene el dispositivo seguridad de la Policía y la Guardia CivilJesús G. FeriaLa Razón

Las protestas que se registraban en las proximidades del chalé que el matrimonio Iglesias-Montero tienen en la localidad de Moralzarzal (Madrid) han desaparecido tras la dimisión de todos sus cargos del dirigente de Podemos.

Según han informado a LA RAZÓN fuentes policiales, dichas protestas eran, en las últimas semanas, puramente testimoniales y se limitaban a grupos de tres o cuatro personas.

Sin embargo, el amplio dispositivo, formado por agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, se mantiene, con el consiguiente gasto y despliegue de efectivos. Los primeros se ocupan de la vigilancia perimetral del chalet y de las labores de escolta del ex vicepresidente y de la ministra; y los de la Benemérita, de los alrededores.

En los momentos en que las protestas fueron más fuertes, se vieron por el lugar a unos individuos que, según se ha sabido después, a causa de los incidentes habidos en el mitin de Vox en Vallecas durante las pasadas elecciones de Madrid, realizaban labores de seguridad complementarias. Entre ellos el que fuera jefe del grupo ultra de los “Bukaneros”.

Numerosas personas han sido propuestas para sanción por los agentes de la Fuerzas de Seguridad por desobedecer las órdenes o resistencia a la autoridad. Asimismo, se han promovido diversas acciones judiciales, tanto por parte del matrimonio Iglesias-Montero como por algunos vecinos o manifestantes.

La presencia de los dirigentes de Podemos creo polémica desde el primer día en que se tuvo noticia de que habían adquirido un chalé con parcela, que no se correspondía, en principio, con la imagen de ultraizquierda que pretende dar su partido. Ello fue lo que motivó las protestas en las que se solían utilizar megáfonos, grabaciones con himnos, y sobre todo banderas españolas.

Tal y como publicó LA RAZÓN, Pablo Iglesias aseguró ante el juez que investiga el supuesto acoso a su vivienda por parte de un vecino de Galapagar, que las protestas afectaban a su labor como vicepresidente del Gobierno. En su declaración ante el titular del Juzgado de Instrucción número 1 de Collado Villalba, mantuvo que el presunto hostigamiento afectaba a su trabajo por la situación de “estrés” que le generaba y negó que pueda equipararse con los escraches, con los que dijo no estar de acuerdo.

“¿En sus funciones como vicepresidente le está afectando de alguna manera?”, le preguntó el juez en esa declaración por videoconferencia del pasado 28 de diciembre. “Es inevitable cuando tienes la cabeza en otra cosa. Entiendo que me va en el salario que haya protestas en el lugar de trabajo como pueda ser el ministerio, pero cuando llegas a casa que es un espacio familiar, si te encuentras con una situación así mentalmente estás en otra cosa”, explicó Iglesias.

Según el líder morado en esa situación “es mucho más difícil cumplir con tus tareas y con tus responsabilidades en la medida que el espacio de descanso se ve afectado y el estrés al intentar evitar que los niños sufran lo que estamos viviendo sus padres es muy complicado de llevar y claro que afecta al rendimiento laboral que en este caso es gobernar”.

También se quejaba de que “no puedo salir a pasear con mis hijos” y que había restringido las salidas al jardín para no escuchar los inultos que se proferían contra él. En concreto, le llamaba “hijo de puta”, “garrapata”, “chepas”.