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La tensa (y dura) espera de Mery Perelló

La mujer de Rafa Nadal sigue ingresada en una clínica privada de Palma con orden de reposo absoluto. El pequeño podría nacer en este mes. La presión está servida para la mediática pareja que solo busca privacidad

Xisca Perelló
Xisca Perelló FOTO: Frank Augstein AP

Mery Perelló se encuentra ya en el tercer trimestre de embarazo y lo que deberían ser unas últimas semanas con las típicas molestias de una gestación a término, pero con la enorme ilusión de conocer al bebé, están siendo en el caso de la mujer de Rafa Nadal algo agridulces. Ingresada desde la semana 31 en una clínica privada de Palma, y con la orden médica de mantener reposo absoluto, no ha podido compartir sus inquietudes en persona con el tenista hasta este pasado jueves. El matrimonio, que esperaba la llegada de su primer hijo para finales de octubre, coincidiendo con el tercer aniversario de su enlace, ya es consciente de que el parto podría adelantarse y que el pequeño, un varón, podría llegar al mundo este mismo mes de septiembre.

La noticia de que Mery estaba hospitalizada en su 31 semana de embarazo y que los médicos barajaban la idea de operarla revolucionó a la familia; no solo por el hecho de la filtración de la información, que provocó que se abriera una investigación interna en el hospital y que se contratara a una persona para buscar al «garganta profunda», sino porque Rafa Nadal se encontraba a miles de kilómetros de distancia, preparando en Nueva York su participación en el Abierto de los Estados Unidos, y este susto podría alterar su agenda deportiva. Lo cierto es que no era la primera vez que la esposa del tenista de Manacor y actual directora de la Fundación Rafael Nadal, tenía que ser ingresada durante el embarazo. Ha trascendido que la futura mamá había pasado sus primeras revisiones en el hospital público de Son Espases, en Palma, donde los ginecólogos querían seguir de cerca la gestación, pero que ante la imposibilidad de ofrecer intimidad y privacidad, finalmente sería en la Palmaplanas donde nacería el primer hijo de la pareja. En el centro privado disponen de una habitación vip, completamente aislada y donde es fácil acceder sin ser visto pues hay posibilidad de entrar en la clínica a través de un ascensor ajeno a miradas –y cámaras– indiscretas. Allí, desde hace varios días, fotógrafos y reporteros hacen guardia para captar alguna imagen del tenista o de la familia. De momento, sin éxito.

Con un embarazo de riesgo, aunque sin peligro ya para Mery y el bebé, en estos últimos días el estado de ánimo de la joven ha sufrido sus altibajos. Aunque ha estado en todo momento acompañada por sus familiares, sobre todo por su madre, y ha recibido la visita de su cuñada y amiga, Maribel Nadal, o la presentadora Carolina Cerezuela, que después viajaban a Nueva York para animar al deportista, al estar lejos de su marido no ha sido fácil llevar la situación ante el temor de que cualquier complicación implicase un parto prematuro que, afortunadamente, no se ha producido. Tampoco ha tenido que ser fácil para el tenista, que en una rueda de prensa organizada días antes de que comenzara el torneo, aseguraba que su mujer «estaba bien»; fue un intento de acallar algunas voces que cuestionaban la necesidad de que el deportista participara en el US Open en esa situación.

Rafael Nadal y Xisca Perelló
Rafael Nadal y Xisca Perelló FOTO: Zabulon Laurent/ABACA GTRES

¿Le cambiará la vida?

Para Rafa, hasta el momento, el tenis había sido lo más importante y nunca había tenido que plantearse o elegir otra prioridad. «No tengo previsto que (la paternidad) suponga ningún cambio en mi vida profesional», aseguraba en Mallorca al referirse por primera vez a la noticia de que el matrimonio esperaba su primer hijo y que se conoció gracias a unas fotografías exclusivas en las que se apreciaban las primeras curvas premamá. Sin embargo, después de perder el pasado lunes contra el estadounidense Frances Tiafoe en octavos de final, Nadal cambió el discurso: «Necesito volver a casa. Tengo cosas mucho más importantes que el tenis que atender (...) Ahora es el momento de tener el primero hijo y confiar en que todo salga bien», concluyó.

No hay constancia de cuando se produjo el reencuentro de la pareja. El martes, Rafa aún se encontraba en Nueva York, atendiendo sus últimos compromisos publicitarios y el miércoles cogía un vuelo a Madrid, donde llegaba al mediodía. Si aterrizó en la isla por la tarde, se desconoce, aunque todo parece indicar que fue ese día, ya bien entrada la tarde, cuando el tenista abrazaba a su mujer. No hay imagen del momento, ni de la llegada y salida de la clínica del deportista y otros familiares. De hecho, algunas fuentes apuntan a que esa visita se produjo el jueves y que, desde entonces, acude a diario a hacerle compañía.

De momento, y aunque la información ahora se conoce a cuentagotas y es más difícil acceder a ella, los médicos parecen que darían el alta hospitalaria a Mery en los próximos días, aunque con la misma recomendación: la de no volver a Porto Cristo y permanecer muy cerca de la clínica ante la posibilidad de cualquier complicación supusiera un parto prematuro. Para ello, se sigue barajando la idea de que la futura mamá pase estos días en la casa que Maribel Nadal tiene en el centro de Palma, pero todo está aún en el aire. Lo que sí parece claro es que la gestación no llegará a la semana 40 y el bebé no nacerá coincidiendo con el aniversario de bodas de sus padres sino algunos días antes, aunque eso no restará ni un ápice de felicidad a los padres primerizos que pondrán así la guinda a una historia de amor de casi dos décadas.

Aunque la discreción y el hermetismo siempre ha sido la seña de identidad de Rafa Nadal, Mery Perelló y todo su entorno, y se ha sido siempre muy reticente a la hora de hablar de asuntos personales, en algunas de las entrevistas más distendidas o cuando el tenista ha compartido videollamadas con otros compañeros de profesión ya convertidos en padres, el de Manacor había hecho alguna referencia a su futura paternidad. «Por mi forma de entender la familia me costaría tener niños y estar todas las semanas viajando por el mundo», dijo en una ocasión. También se refirió al hecho de que sus hijos siguieran sus pasos. «Me gustaría que mis hijos hicieran lo que les gustara, no tengo ninguna intención de forzarles u obligar a seguir mis pasos en ningún sentido».