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El nuevo pijerío de izquierdas: De Maestre al “preppy” de las Serras

Este nuevo prototipo tiene padres progres que presumen de juventud rebelde y apaleada, pero les espanta el barrio

Rita Maestre
Rita Maestre FOTO: Rita Maestre Rita Maestre

Qué falta de glamour. A Rita Maestre no le desplegaron la alfombra roja en su última visita al barrio madrileño de Villaverde ni le pusieron un decorado de cartón piedra con figuritas de su gusto. Le tocó pisar barro y presenciar el trasiego de toxicómanos. «Es un barrio sucio, abandonado e inseguro», dijo. La respuesta fue inmediata. Los usuarios criticaron su tono paternalista. «Es una pija», sentencian los vecinos. Manca finezza por parte de quien sí ha encontrado el método para saborear la vida. «Es elitista, pijo y asqueroso», subraya otro usuario. ¿Se puede ser pijo y de izquierdas? ¿Cómo llamamos entonces a Tamara, Borja Mari y Cayetano? ¿A qué altura queda Pocholo? Va a ser que hay más pijos de los que creemos, muchos más que los clásicos, los de pedigrí, los de la bohemia vestida de Dior. En sus comentarios, los ciudadanos trazan a la perfección el pijerío de la izquierda. Rematadamente clasistas y acostumbrados a la zalamería. Ricos e insustanciales. Distópicos como «El cuento de la criada» y paródicos como «Veep», dos de sus series de cabecera, esas que consumen vanagloriándose por ello.

Además, Maestre se dejó ver como una VIP más en la Caja Mágica, un honor que ella misma había criticado, y disfrutó tanto como la delegación de Montero en su gira neoyorquina. De momento, no juegan al bridge ni montan una empresa de catering. Ni siquiera van a misa, aunque Maestre confesó que sus abuelas la habían llevado «millones de veces». Lo dijo después de mostrar su torso semidesnudo en la capilla de la Complutense, en 2011, al grito de «Contra el Vaticano, poder clitoriano».

Rita Maestre
Rita Maestre FOTO: DAVID ARENAL (MÁS MADRID) DAVID ARENAL (MÁS MADRID)

En los bodorrios sí empiezan a parecerse a la casta que linchan. Convites opulentos, fincas con solera, chaqués y, si es posible, «wedding planer». Saben que, como pijos, se juegan mucho en el detalle. Maestre eligió una lujosa propiedad en la localidad toledana de Lucillos, aunque para gloria pijo leninista, la boda del ministro Garzón. En definitiva, visten, calzan y aparentan como el niño pera de toda la vida, pero sin su abolengo. El pijerío de izquierdas viene de familias acomodadas, como las hermanas Clara e Isa Serra, pero los dientes ideológicos los echaron en las acampadas de la Puerta del Sol. De allí salió este nuevo prototipo de pijoaparte. La mayoría tiene papás progres que presumen de juventud rebelde y apaleada. Han pasado de vivir a gastos pagados y educación privada (gestionada en cooperativa, que le da una pátina subversiva) a rondar los 100.000 euros anuales. Se parecen entre sí. En el tono del cabello, talla, edad, el modo de anudarse el abrigo, estilo batín, e incluso en su costumbre endogámica de enamorarse dentro de la formación. Llegan curtidos en redes sociales, subliman la pobreza y luchan desde su iPhone. Son urbanitas, teóricos del veganismo, eco sensibles y gretistas. Saben cómo arreglarse, pero de vez en cuando juegan a vivir tirados y vuelven a vestir zarrapastrosos.

Pijerío clásico

No viven muy alejados de la pijería clásica. Mónica García reside en un ático próximo al Retiro e Íñigo Errejón comparte barbacoas en su terraza de Lavapiés. El diputado de Más País cuida como ningún otro su aspecto de niño bien apostando por un impecable estilo «preppy». De familia acomodada y apasionado lector de Ernesto Laclau (inspirador del populismo), podría pasar sin necesidad de retoque por un estudiante más entre los universitarios adinerados de Princeton de los años 60, montado en bici o haciendo cola en el mismo comedor universitario que frecuentaba la elite americana. Se nota en el tejido, en las formas y en sus jerséis y polos de Fred Perry, una marca de lujo que no deja de sufrir apropiación cultural y muy ligada al malote que quiere ser «cool».

Íñigo Errejón
Íñigo Errejón FOTO: Chema Moya EFE

Luce otras prendas que, sin ser indecentemente caras, dejan entrever su esnobismo. Es el caso de la icónica chaqueta Harrington, similar a la de James Dean en la inolvidable imagen de «Rebeldes sin causa». Nació como ropa de trabajo para los transportistas, pero ya es un clásico que todas las firmas reinterpretan cada año, tan versátil que la puede llevar desde un empresario a un empleado modesto. Errejón escogió una para visitar el barrio madrileño de Orcasitas, en plena campaña electoral. Acomodado en su habitual estilo «preppy», le sienta demasiado esnob para hablar en nombre del obrero.