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Fernando Simón se pliega a la americana, pero ¿qué ocurre con sus cejas?

Según un estudio de la Universidad de Toronto, este tipo de cejas son señal de un narcisismo desmesurado que lleva a quien las luce a sentirse el ombligo del universo

El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, durante una rueda de prensa para informar sobre la pandemia de Covid-19, a 5 de julio de 2021, en el Ministerio de Sanidad, Madrid, (España). Según las últimas actualizaciones del pasado viernes, la incidencia de Covid-19 en España ha llegado a los 152 casos por 100.000 habitantes en 14 días, un 60% más que hace una semana.
05 JULIO 2021
EUROPA PRESS/A.Ortega.POOL
05/07/2021
El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, durante una rueda de prensa para informar sobre la pandemia de Covid-19, a 5 de julio de 2021, en el Ministerio de Sanidad, Madrid, (España). Según las últimas actualizaciones del pasado viernes, la incidencia de Covid-19 en España ha llegado a los 152 casos por 100.000 habitantes en 14 días, un 60% más que hace una semana. 05 JULIO 2021 EUROPA PRESS/A.Ortega.POOL 05/07/2021EUROPA PRESS/A.Ortega.POOL Europa Press

Érase un hombre a unas cejas pegado, érase unas cejas superlativas. Cuánto juego habría encontrado Quevedo en la imagen de Fernando Simón y cuánta sátira habría vertido en sus cejas ahora que, definitivamente, se revelan como su rasgo de identidad más genuino y quizás ya el único. Según hemos visto a su paso por la localidad zaragozana de Villafeliche, donde ha recogido un premio, el epidemiólogo se ha plegado a la formalidad de la americana. También ha cambiado sus icónicas ondas capilares por una barba canosa bastante tupida.

Si la memoria no nos falla, cuando le fichó el Partido Popular, en 2012, con Mariano Rajoy como presidente, Simón marcó algunas líneas rojas: ni americana, ni entrevistas con Federico Jiménez Losantos. Con las cejas fue aún más explícito: “Ni de coña me depilo. No lo ha conseguido mi mujer, no lo va a hacer la política”, respondió a un asesor, según indicó a LA RAZÓN una de las personas más cercanas a él en aquel momento. Con ellas empezó una leyenda que hoy se escribe con tono mitad trágico, mitad burlesco.

Fernando Simón recibe la Medalla de Oro y el Premio Trevillano del municipio de Villafeliche, a 7 de agosto de 2021 FOTO: Javier Escriche Europa Press

Las cejas pobladas delatan, según la morfopsicología -una pseudociencia como otra cualquiera-, una personalidad extremadamente firme, perfeccionista y convincente frente al conflicto. Son características de personas acostumbradas a descifrar los problemas rápidamente. Pero hablamos de teorías sin más recorrido que una charla amena de sobremesa y cualquiera que indague en su entorno encontrará esta peculiaridad tanto en gente sumamente equilibrada como en desordenados con gran dificultad para comprometerse y dar con el camino acertado.

Si hacemos caso a un informe publicado por investigadores de la Universidad de Toronto en el Journal of Personality, galardonado con un Ig Nobel Prize (una parodia de los Premios Nobel), este tipo de cejas que crecen a la virulé son señal de un narcisismo desmesurado que lleva a quien las luce a sentirse el ombligo del universo y con poder para hacer del mundo un lugar mejor manipulando a la gente. Para Simón han sido precursoras de tanta discordia como condescendencia, según el signo político de quien juzgue.

Fernando Simón en el programa de Jesús Calleja, 'Planeta Calleja' FOTO: MEDIASET

En su caso no es necesario mirar hacia su naturaleza interior para descubrir que sus cejas son muy expresivas y a él le sirven igual para un roto que para un descosido. Con ellas posó como motero para una portada, escaló montañas para la televisión y se encumbró como rockstar cuando más delicada era la situación en España. Estos hechos, más que su forma de peinar las cejas, sí podrían dejar entrever un carácter narcisista. Aunque parece cohibido y la pelambrera sobre los ojos le permiten ocultar si su expresión es triste o divertida, él da alas a la expectación y afronta con buen humor, a veces mordaz, los comentarios que desata.

En su última aparición, en tierras aragonesas, los focos se centraron una vez más en ese aspecto más chocante y pintoresco del epidemiólogo. Aunque dice que en ocasiones ha llegado a sentirse abrumado por tanto juicio, de sobra sabía, mientras atendía a los medios de comunicación y aclaraba que no creía necesario imponer la vacunación obligatoria en España ni tampoco presentar un certificado Covid para permitir la movilidad, que lo que realmente trascendería son las cejas inamovibles en su renovada imagen.

Fernando Simón en una imagen reciente FOTO: EUROPA PRESS/J. Hellín. POOL Europa Press

En su descargo diremos que las cejas pobladas son tendencia. Se llevan gruesas y la gente recurre a maquillajes, pigmentaciones e incluso microinjertos para darle cierto aire salvaje. Los deportistas añaden que evitan que el sudor llegue a los ojos. Simón tiene la ventaja de tenerlas así de forma natural y es evidente que su acelerada alopecia aún no alcanza a esta zona. Mejor así, naturales, según han respondido hombres y mujeres a una encuesta realizada en Italia a través de la aplicación Treatwell. Los consultados dejan claro que no les gustan ni los retoques ni las depilaciones. Como mucho, deshacerse de algún pelillo molesto, pero sin cambiar jamás el arco natural. Y cuanto más salvajes, más atractivas, afirmó el 22% de las mujeres. Incluso el pecho, mejor peludo. El epidemiólogo ya se encargó de aclarar en una entrevista: “Soy antiguo. No me depilo ni pecho ni cejas”. Imaginamos a Cristiano Ronaldo haciendo con este tipo de cosas de tripas corazón.

Desde el 6 de marzo de 2020, Simón ha sido el portavoz principal de la pandemia, el encargado de ofrecer el parte diario de una crisis sanitaria gravísima y el emisario de los peores datos. Por su imagen, ha sido inevitable fijarse no solo en lo que decía, sino en cómo lo decía, y los ciudadanos no siempre han podido ver en sus ojos capacidad de convicción suficiente para acatar las normas que ayudarían a frenar el virus. Más que por sus cejas enmarañadas, por su mirada cabizbaja. Por eso, nadie le ha vuelto a pedir que se desligue de sus cejas.