Caras largas y ansiedad, así se vivió la noche electoral en un salón demócrata en Florida

La noche más larga para los demócratas que ayer esperaban arrasar contra Donald Trump

Todo listo para una noche electoral que ya se prometía reñida y de infarto. En la enorme pantalla de televisión del salón, la NBC con aún un mapa de Estados Unidos vacío. En un ordenador portátil, los comentaristas de CNN a todo volumen. Aún no han cerrado los colegios electorales en Florida, pero ya han llegado las pizzas con peperoni.

El aire acondicionado está a tope, tanto que hay que buscar en la maleta la ropa de invierno de España, a pesar de que esto sea el sur de Miami y en el exterior haya 29º. El ambiente aún no está caldeado, al contrario. La primera botella de vino tinto se degusta y disfruta. Cierran los colegios en Florida, comienza el recuento.

El grupo está formado por gente diversa de distintas edades, orígenes y partes de Estados Unidos (Boston, Nueva Orleans, Miami...). Todos tienen carrera universitaria, buenos puestos de trabajo, les encanta viajar (incluso fuera de EE UU) y han vivido antes en otras ciudades estadounidenses como Nueva York o Los Angeles. Todos han votado por anticipado en estas históricas elecciones.

Joe Biden va liderando en Florida, debido a los votos en Miami Dade, pero esto ya ocurrió en 2016, por lo que “no hay que confiarse, Hillary Clinton arrasó en esta ciudad y luego no consiguió el Estado”.

Vermont para Biden, Virginia Occidental para Donald Trump. De momento, no hay sorpresas.

Se acaba la primera botella de vino.

Comienzan a llegar mensajes de amigos y familiares comentando el principio de la noche electoral. Trump cada vez aparece mejor posicionado en Florida. “¿Podremos hacernos con Texas? ¡Qué igualados están!”, comentan al verlo en la pantalla. “Lo importante es Carolina del Norte, aquí tenemos posibilidades”. Todos pendientes de Carolina del Norte hasta que llega el chasco. Trump toma ventaja por unos 100.000 votos, pero ya se ha colorado en un rojo más claro.

Ronda de bebidas. Se necesita un alcohol más fuerte que una copa de vino tinto para superar este mal trago.

Florida ya se da por perdida y comienza el deja vu de 2016. “No, no, no, esta vez no será igual, en Florida Biden sólo tenía ventaja de un punto porcentual”. Con más del 96% escrutado, los comentaristas no se atreven aún a dar Florida a Trump. “Too close to call”, es la frase que más se repite en los informativos.

Tras el chasco de 2000, en el que finalmente George W. Bush se hizo con Florida por 537 votos (y los principales medios lo pintaron de azul porque Al Gore era el candidato en liza) los periodistas y analistas son cautos, pero las cifras parecen indicar que ya están perdidos los 29 votos electorales de Florida.

Segunda ronda de bebidas. Cualquier ayuda es buena para afrontar esta noche electoral. Miradas de asombro. “¿De verdad esto está pasando otra vez?”. Ohio comienza a tornarse más rojo así como Texas. Ahora la esperanza reside en Georgia y Arizona.

La victoria de la primera alcaldesa mujer y demócrata en Miami no les reconforta.

Visitas a Twitter y a Instagram para encontrar algún meme o comentario gracioso que alegre este duro momento. Cancelación de reuniones laborales por Zoom que habían planeado para primera hora de la mañana. No pueden irse a dormir sin conocer quién será su presidente. Muecas nerviosas.

“¿Qué te pasa Estados Unidos?”. Manos a la cabeza como en una final de la Champions. De hecho, esto es lo más parecido a una final entre amigos de un partido de fútbol. Y parece que nos vamos a ir a la prórroga y a los penalties.

Son las 00:20, Biden anuncia que hablará. Buena señal, no está todo perdido. Veinte minutos después, no habla de derrota, al contrario, el candidato demócrata menciona sus posibilidades.

Llega el turno de Trump y arranca la ansiedad. ¿Pero si aún no se han contado todos los votos? ¿En qué se basa? Indignación y acusaciones de fraude. No pueden con lo que Trump hace con su respetada democracia.

“El problema es que queríamos deshacernos de Trump por una paliza. Tendríamos que haber arrasado contra este presidente”, explica un demócrata hasta la médula que hasta ha hecho donaciones al Partido. “No puedo con los nervios. No puedo dormir, literal”.

Comienzan las despedidas con caras largas, casi de pésame. Hoy va a ser otro día largo.

“Pero no está todo perdido. Michigan, Wisconsin y Pensilvania nos darán la Casa Blanca, no era lo que esperábamos ganar por la mínima, pero Biden está encaminado”. “Cancela mi agenda de mañana”, le dice a su asistente.