Hamás gana popularidad en Jerusalén Este y Cisjordania tras la escalada en Gaza

Crece la división dentro de la causa palestina entre los partidarios de la organización islamista y los de Al Fatah, lo que dificulta una interlocución para la paz

Niños recogen los escombros en la Franja de Gaza este fin de semana tras la firma del alto el fuego
Niños recogen los escombros en la Franja de Gaza este fin de semana tras la firma del alto el fuegoJohn MinchilloAP

Con la tregua certificada entre Israel y Hamás el pasado viernes tras once días de escalada militar –que costó 248 vidas en la Franja de Gaza y 12 en Israel-, el fuego cruzado en la frontera se detuvo, pero las raíces del conflicto palestino-israelí perduran. Los mediadores egipcios buscan consolidar una calma duradera, mientras la ayuda humanitaria vuelve a fluir hacia una Gaza devastada por los bombardeos israelíes.

Mientras se espera la llegada del secretario de Estado norteamericano Antony Blinken a Israel y los territorios palestinos la próxima semana, el primer mensaje del presidente Joe Biden fue para el desaparecido “rais” palestino Mahmud Abás: “Haremos todos los esfuerzos para devolver la calma Cisjordania, y fortalecer la cooperación de seguridad” (con Israel). A ambos bandos y a nivel internacional, todos coinciden: Hamás salió reforzado tras la última ronda de violencia. Hamás es catalogado por EE UU, países occidentales e Israel como una organización terrorista. Por tanto, la Administración Biden se ve obligada a intentar reconducir los cauces de un conflicto que no estaba en su agenda mediante una desacreditada Autoridad Nacional Palestina (ANP).

Paradójicamente, mientras Jerusalén hervía, las fuerzas de seguridad de la ANP reprimieron las marchas palestinas en Ramala o Belén, ante el temor de que Hamás acabara comiéndose su territorio en Cisjordania. Este sábado se debían haber celebrado las elecciones legislativas palestinas, que fueron nuevamente canceladas. El mandato de Abbas culminó en 2009, y desde entonces la férrea rivalidad interna entre facciones ha sido la justificación para reiteradas postergaciones electorales.

Hamás no sólo logró devolver la cuestión palestina al primer plano global tras “militarizar” la protesta popular iniciada en el barrio jerosolomitano de Sheikh Jarrah, donde organizaciones de colonos judíos continúan apropiándose viviendas de familias palestinas con el beneplácito de la justicia y la policía, alegando que fueron de propiedad judía antes de 1948 (fundación de Israel)

Hamás llamó a la movilización tras renovados rumores sobre intenciones de Israel de alterar el statu-quo en la Explanada de las Mezquitas -icónico nacional y espiritual de los palestinos-, donde la dura represión policial israelí dejó más de 200 heridos las jornadas previas a la apertura del conflicto en Gaza. Pese a los dolorosos costos para los civiles gazatíes, Hamás salió definitivamente de su cueva de Gaza y su popularidad se disparó en Jerusalén Este y Cisjordania. “Muerte al presidente (Abbas)”, exclamaron sectores en la mezquita de Al-Aqsa el pasado viernes, que a su vez juraban lealtad al movimiento islamista.

Para el palestino Tareq Baconi, analista senior del “Crisis Group”, la situación tras el alto el fuego alcanzado postergará el “violento equilibrio” entre Israel y Hamás. La franja de Gaza, sitiada por tierra, mar y aire (por Israel y Egipto) desde que los islamistas tomaran el poder en 2007, continuará sufriendo “la brutalidad del bloqueo, la indiferencia internacional, y la fragmentación política y geográfica”. Hamás continuará sosteniendo su régimen mediante los millones de dólares enviados por Qatar. Y para lograr concesiones, volverá a recurrir a los misiles hacia Israel, que sigue careciendo de un plan de largo recorrido para Gaza. Reiteradas ofensivas militares no lograron desarticular el poderío militar y político de Hamás.

Si bien Baconi destaca el recelo entre sectores palestinos por el papel protagonista que adoptó Hamás al apropiarse de un movimiento de resistencia popular inicialmente apartidista, considera que la mayoría de la comunidad internacional sigue “congelada” respecto a su percepción del grupo islamista. El autor señala que “mientras el mundo simplemente volverá a normalizar la opresiva violencia diaria de Israel sobre los palestinos”, muchos creen que “Hamás ataca a Israel por cuestiones descontextualizadas”. Y eso refuerza la estrategia islamista, que insiste en que la movilización popular masiva es insuficiente: “si Israel no sufre presión militar, nada cambia sobre el terreno”, apuntó sobre la estrategia de Hamás.

Hay sectores palestinos, sobre todo entre una juventud cada vez más desconectada de las viejas y enfrentadas facciones, que descartan la resistencia armada, ya que Israel es militarmente invencible. Pero aunque asumen que los misiles no liberarán a Palestina, “psicológicamente tuvieron un efecto increíble, ya que lograron infligir costes y daños a Israel”, sentenció Baconi.

Para David Horowitz, editor del Times of Israel, “no importa que Hamas sea una organización terrorista represiva, misógina, homofobia e islamista que dispara miles de cohetes indiscriminadamente hacia civiles israelíes mientras usa a los suyos como escudos humanos. Tampoco importa que su objetivo esté alejado de lograr un acuerdo con el estado judío, ya que “pretende borrar a Israel del mapa”. Para Horowitz, lo fundamental es que “nadie en el liderazgo israelí suscribe, ni teóricamente, una solución de dos estados para el conflicto palestinoisraelí”. Y concluyó: “militarmente, el ejército israelí ganó esta particular batalla. Pero Hamás, que se convirtió en un estado-terrorista, está ganando la batalla estratégica”.

Horowitz considera que, en cierto modo, Hamás “reconectó” la identidad de los palestinos residentes en Israel, Jerusalén y Cisjordania; alentó protestas en Jordania; misiles lanzados desde Líbano; complicó la relaciones del estado judío con viejos y nuevos aliados árabes; y avivó el criticismo mediático hacia Israel tras la ofensiva en Gaza.

Desde el ejecutivo israelí en funciones, el ministro de finanzas Israel Katz reiteró ayer que si se renuevan los lanzamientos de misiles, “cortaremos las cabezas de los líderes de Hamás”. Pese a las recurrentes amenazas, los islamistas clamaron victoria tras el alto el fuego: “Israel se retiró ante la resistencia armada, y no logró ninguno de sus objetivos fijados cuando lanzó la ofensiva”.