Europa

Los héroes de Ucrania: “Soy camionero en Polonia, pero he venido para defender a mi país”

Sebastian asegura que su mujer no sabe qué está yendo a la guerra: “Llego respondiendo a la llamada de Zelenski”

Dos voluntarios ucranianos preparan cócteles molotov en Odesa
Dos voluntarios ucranianos preparan cócteles molotov en Odesa FOTO: Maria Senovilla EFE

Sebastian está sentado sobre su macuto en la estación de Leópolis. A su alrededor se mezclan carne, sudor y estruendo. Sus ojos se anegan de lágrimas mientras explica su situación: “Soy un camionero ucraniano que vive en Polonia desde hace varios años. Serví durante tres años en el Ejército ucraniano y he venido aquí respondiendo a la llamada de Zelenski para defender a mi país”. En este momento rompe a llorar, mientras pide que no se le grabe ni le hagan fotos. La siguiente frase es demoledora: “Le dije a mi mujer que tenía un encargo largo a Noruega y que tardaría varias semanas en regresar, luego cogí mi camión, lo dejé en la frontera polaca y crucé a pie”. Lo repite como sin creérselo del todo, dice que su mujer no sabe que está yendo a la guerra, no se lo ha dicho. Llora. Sebastian conforma la estampa del héroe inmóvil mientras el mundo se derrumba en perpetuo movimiento.

Hay también héroes que escapan del anonimato de Sebastian. Es el caso de Alex Hook, un soldado ucraniano que danza todo tipo de divertidos bailes y vestido con el equipo militar al completo. Estrofas de Linkin Park utilizando la ametralladora como guitarra improvisada, moonwalks de Michael Jackson con las botas manchadas de barro, cualquier canción sirve para los vídeos de este héroe que ya ha acumulado 3 millones de seguidores en TikTok. ¿La razón de sus vídeos? Tranquilizar a su hija de cinco años y comunicarle que sigue con vida. Lo que ignoraba cuando abrió su cuenta en diciembre, era que tranquilizaría y animaría también a tantos millones de personas que aplauden su entereza y su capacidad para mantener el ánimo en los momentos más oscuros de su país.

Resistencia en Energodar

Los héroes de Ucrania se amontonan, son demasiados, los rusos se encuentran frente a ellos y no pueden sino sentirse cohibidos por enfrentarse a un pueblo cuya fortaleza está suponiendo una dura lección para el resto de Occidente. Ocurrió en la localidad de Energodar, al sur del país, cuando las tropas invasoras intentaron entrar en la ciudad tras derrotar a la resistencia armada. Nadie esperaba que cientos de personas fueran a inundar la carretera con la frágil barrera de sus cuerpos, impertérritos en su unidad, inmóviles frente a la escena de cien tanques rusos que paralizarían al más valiente. Los rusos no pudieron entrar en Energodar. Demasiados ucranianos con las manos vacías suponen un arma tan letal como los misiles Kalibr de largo alcance que utiliza el enemigo. Fue necesaria una larga negociación entre los invasores y las autoridades locales para que los civiles despejaran la carretera, aunque solo cedieron bajo una estricta condición: la bandera ucrania debía seguir ondeando en los edificios gubernamentales.

Voluntarios en Leópolis

La joven Natasha es una de tantos voluntarios jóvenes que zumban por las calles de Leópolis. Ha pedido una excedencia en su trabajo para colaborar con las autoridades de la ciudad y ayudar en la medida de lo posible a repartir la ropa y los alimentos que todos los días cruzan la frontera polaca, gracias a la solidaridad del resto de europeos. Natasha no dispara armas ni viste uniformes de batalla, tampoco parece probable que ningún escritor famoso componga novelas en su honor. Es una heroína absolutamente anónima. Hoy le ponemos nombre y describimos sus mofletes picados por los granos de la primera juventud, el cabello pajizo y lacio cayéndole sobre los hombros. No habla de sí misma porque los héroes no hablan de sí mismos. Se limita a decir lo que necesitan con mayor urgencia: “Leche en polvo, harina para hacer pan, comida para bebés, medicinas, compresas para las mujeres y sacos de dormir”. Luego se gira y desaparece, confundiéndose con una furiosa marea de héroes bisoños y que todavía tienen mucho que enseñarnos.

Todas las guerras, desde las gestas de Aníbal Barca hasta hoy, pasando por las marcas en el fusil de Liudmila Pavlichenko y las emboscadas letales de Espoz y Mina, necesitan de la creación de héroes que mantengan viva la moral de los combatientes. En la segunda semana de la guerra en Ucrania ya brotan nuevos héroes que solo dos semanas atrás eran gente común y corriente que ignoraban su destino y que probablemente admiraban a los héroes de ayer, como hoy Occidente les admira a ellos.