Internacional

Borrell viaja a Ucrania en medio de las tensiones con Moscú por una posible invasión

La Unión Europea intenta no quedar eclipsada en las negociaciones bilaterales entre Estados Unidos y Rusia

El jefe de la diplomacia europea en una imagen de archivo
El jefe de la diplomacia europea en una imagen de archivo FOTO: OLIVIER HOSLET EFE

El máximo representante de la diplomacia comunitaria, Josep Borrell, ha iniciado un viaje a Ucrania en plenas tensiones con Moscú por el aumento de las tropas rusas en la frontera con esta antigua república soviética, lo que hace temer una nueva invasión como la sucedida en 2014 en la península de Crimea. La visita de Borrell se prolongará hasta mañana y durante su periplo se desplazará hasta el frente oriental dónde los separatistas amparados por el Kremlin siguen luchando en una guerra que ya se ha cobrado 13.000 vidas desde la anexión de Crimea.

Después de esta parada, se dirigirá a la capital a entrevistarse con las autoridades del país. Este viaje tiene un fuerte contenido simbólico, ya que es el primero que realiza el alto representante este año recién estrenado y ejemplifica los intentos europeos de no quedar al margen de unas negociaciones que en las últimas semanas están protagonizadas por Washington y Moscú, mientras el club comunitario parece relegado a un papel de mero espectador.

Antes de que se produjera la semana pasada la llamada entre el presidente de EEUU, Joe Biden y su homólogo ruso, Vladimir Putin, Borrell quiso dejar claro que la Unión Europea no puede quedar marginada de la toma de decisiones que afecten a su seguridad. En una entrevista al rotativo alemán “Die Welt”, el político español aseguró que “si Moscú quiere hablar sobre la arquitectura de seguridad en Europa y sobre garantías de seguridad a partir de enero, como se ha anunciado, no es sólo un asunto de Estados Unidos y Rusia. La UE debe estar presente en estas negociaciones, que sólo tienen sentido si tienen lugar en coordinación cercana y con la participación de la UE”.

Tropas en la frontera

Los servicios de inteligencia estadounidenses aseguran que Moscú está planeando acumular hasta 175.000 efectivos en las fronteras con Ucrania y que ahora mismo el Kremlin está sopesando una nueva operación militar a principios de este año. En Bruselas, la diplomacia europea no es capaz de discernir si estos movimientos son una amenaza real o un mero farol, pero la preocupación es palpable, ya que tal y como repite una y otra vez Borrell “hay que esperar lo mejor pero prepararse para lo peor”.

Los próximos días estarán caracterizados por una serie de esfuerzos diplomáticos para evitar precisamente lo peor. Los días 9 y 10 de enero, la delegaciones rusa y estadounidense se reunirán en Ginebra (Suiza) y el día 12 de enero la OTAN ha convocado una reunión con Rusia, aún pendiente de la luz verde de Moscú. Además, ayer mismo la Alianza militar también anunció una reunión extraordinaria por videoconferencia de los ministros de Exteriores prevista para el día 7 de enero con el objetivo de analizar la situación.

La Alianza descarta una acción militar en defensa de Ucrania si al final, tal y como teme EEUU, Moscú acaba invadiendo el país, pero los miembros de la organización militar llevan tiempo advirtiendo sobre sanciones económicas sin precedentes que dañen seriamente la economía de Rusia, aunque aún se desconocen los detalles de estos castigos. Tras la última llamada entre Biden y Putin, Yuri Ushakov, el embajador de Rusia en EEUU y asesor de política exterior del Kremlin advirtió que cualquier sanción por parte de Occidente sería “un error colosal”. De momento, los Veintisiete siguen descartando un paquete preventivo – tal y como pide Ucrania- con el objetivo de que Putin no interprete esta medida como una provocación que acabe desencadenando la guerra. Antes de desplazarse hasta Ucrania, Borrell volvió ayer a advertir de que la invasión rusa tendría “consecuencias masivas”.

Rusia quiere poder de veto

En estas semanas de tensiones, el mandatario ruso Vladimir Putin ha seguido exigiendo a la organización militar un compromiso claro y firme de que Ucrania nunca formará parte de la OTAN, pero la Alianza militar se resiste a un pacto de estas características. A pesar de esto, las conversaciones de anexión de la antigua república soviética están en punto muerto y muchos ven en esta falta de avances la sombra alargada de la amenaza rusa. Moscú siempre ha visto como una traición de Occidente la ampliación de la OTAN a países de la antigua órbita soviética que conquistaron su independencia tras el desmoronamiento de la URSS. Además, el Kremlin también quiere que los países aliados se abstengan de desplegar misiles de corto y largo alcance en zonas desde las que se puede alcanzar el territorio ruso y que Washington renuncie la acumulación de tropas y armamento en áreas que Rusia considera un amenaza para su seguridad nacional.

A pesar de las tensiones, el club comunitario no quiere romper los canales de diálogo con Putin, aunque los Veintisiete no siempre hablan con una sola voz respecto a Moscú. La nueva coalición alemana liderada por el socialdemócrata Olaf Scholz promete una actitud más beligerante respecto al Kremlin que la siempre comedida Angela Merkel, pero aún es pronto para saber qué pasos tomará Berlín si al final se acaba produciendo la invasión de Ucrania por parte del Ejército ruso. En la inédita coalición de gobierno, también existen los matices. Mientras los Verdes, quienes ostentan la cartera de Exteriores, abogan por la mano dura frente a Putin, el propio Scholz es mucho más prudente.

En el mes pasado mes de junio, los socios del Este de la UE frenaron el plan de Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron para mantener una cumbre Unión Europea- Moscú, a imagen y semejanza de la cita que había tenido lugar en Ginebra (Suiza) entre Joe Biden y Putin pocos días antes y que supuso el comienzo de un incierto deshielo.