Internacional

Emerge una nueva Unión Europea ante la invasión de Ucrania

Bruselas rompe con viejos tabúes como el envió conjunto de armamento letal a Kiev abre una era geopolítica

Soldados franceses desplegados en Rumania en el refuerzo de tropas anunciado por la OTAN en el flanco oriental
Soldados franceses desplegados en Rumania en el refuerzo de tropas anunciado por la OTAN en el flanco oriental FOTO: BOGDAN CRISTEL EFE

«Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho», aseguró el 9 de mayo de 1950 Robert Schuman, uno de los padres fundadores del proyecto de integración europeo. Una frase que a veces adquiere tintes de maldición, ya que la UE parece abocada a avanzar a través de sucesivas crisis. Como última prueba, ha sido necesario que el régimen del presidente ruso, Vladimir Putin, esté masacrando al pueblo ucraniano para que el club europeo haya roto dos tabúes históricos: sufragar con dinero europeo común el envío de armas y asegurar una protección automática a todos los ucranianos que huyen de esta guerra.

Se suele definir la política de Defensa común europea como una princesa durmiente, siempre a punto de despertar. En los últimas décadas, varios apuestos príncipes lo han intentado: la guerra de los Balcanes; el Brexit (Reino Unido siempre remaba en contra de cualquier paso hacia la integración); la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su amenaza de dejar al club comunitario a la intemperie si los socios no aumentaban su gasto en este ámbito y, como última sacudida, la caótica retirada de Afganistán y la humillación sufrida por los aliados europeos de Estados Unidos. Pero fueron príncipes rana. Las mariposas iniciales apenas lograron germinar. Sin embargo, apenas una semana, se ha dado lo que el máximo representante de la diplomacia comunitaria, Josep Borrell, ha denominado como «el nacimiento de la Europa geopolítica». Putin ha sido el príncipe y la Bella durmiente ha cogido las armas.

El pasado domingo, se puso en marcha por primera vez en la historia europea un fondo común de 450 millones de euros para financiar armamento letal, con una oficina que coordinará este envío. Para entender lo histórico de este paso, hay que explicar que esta solución ha sido posible con una pirueta diplomática: a través de una partida que oficialmente está fuera del presupuesto europeo para sortear la prohibición que aparece en los tratados de no poder financiar material bélico. Porque la UE nacida de dos contiendas mundiales siempre se ha considerado un proyecto de paz.

El punto de inflexión llegó este pasado fin de semana, cuando el canciller alemán, el socialdemócrata Olaf Scholz, anunció por sorpresa el envío de material bélico letal a Ucrania (tras semanas negándose) y una inversión masiva de 100.00 millones de euros para modernizar sus Fuerzas Armadas, por encima del 2% del PIB anual de la locomotora europea. Un «electroshock» que rompe con todos los fantasmas históricos tras la derrota de Hitler. Desde entonces, Berlín delegó con entusiasmo la capacidad de defensa en Estados Unidos y prefirió centrar sus áreas de influencia mundial en otros ámbitos como el comercio.

«Alemania está finalmente despertando al hecho de que la libertad, seguridad y prosperidad no son baratas, incluso en Europa», asegura Rafael Loss, analista del European Council on Foreigns Relations (ECFR), para quien «el incremento del gasto en defensa permitirá a Alemania compensar 30 años de recorte y mala gestión y fortalecerá la capacidad de sus Fuerzas Armadas para aportar soldados y unidades, si es necesario, y el material apropiado para afrontar estas tareas». «Pero esta mejora en el material –añade– debe ser acompañada de un trabajo intelectual sobre estrategia, doctrina y conceptos operativos».

Por primera vez, Alemania y Francia parecen mirar en la misma dirección, ya que en los últimos años –espoleado sobre todo por la llegada de Trump al poder– el presidente francés, Emmanuel Macron, se había convertido en el profeta de la autonomía estratégica europea. Un concepto que en muchos casos seguía causando sarpullidos en Berlín.

Los costes

«El nacimiento de la Unión Europea como un actor geopolítico depende de si los Estados miembros estén dispuesto a pagar el precio de hacerlo. Para sostener un gasto de defensa mayor teniendo en cuenta la existencia de otras prioridades y asegurar que el impacto de las sanciones sea manejable, la UE tendrá que relajar sus normas fiscales o embarcarse en otra ronda de endeudamiento conjunto. A su vez, la UE solo emergerá como un actor militar más fuerte si los Estados miembros ven esto como el marco a través del cual profundizar en la integración», escribe Luigi Scazzieri, analista del Centre for European Reform (CER).

La sacudida de ucraniana tiene también otras importantes réplicas. Los países europeos dependientes del gas ruso se ven urgidos a una transición energética exprés –hasta el momento la UE no se ha atrevido a cortar sus importaciones con Moscú que siguen financiando la guerra– y también ponen en un interrogante la salida de la crisis económica post pandemia. Esta misma semana, Bruselas ha abierto la puerta a prorrogar un año más la bula sobre el cumplimientos de las normas fiscales europeas. La Europa que conocemos surgió de las cenizas de dos contiendas mundiales. Otra guerra puede cambiar su destino.