Opinión

Las disidentes del nuevo PP

El proyecto de Feijóo pasa por resucitar el bipartidismo como expresión de su concepción del «sentido de Estado».

El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, en una rueda de prensa tras la reunión del Consello de la Xunta de Galicia
El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, en una rueda de prensa tras la reunión del Consello de la Xunta de Galicia FOTO: Rosa Veiga Europa Press

El plan de Feijóo para el nuevo PP va a tener disidencias claras, y en especial de dos valores consolidados de las que se espera mucho y que no se callan: Isabel Díaz Ayuso y Cayetana Álvarez de Toledo.

La vuelta del marianismo, del centrismo tecnócrata con el aderezo de ser un partido de taifas, no va a contentar a todo el PP. El adulto en la habitación, en el despacho oval de Génova, va a devolver a los populares a 2011.

El proyecto de Feijóo pasa por resucitar el bipartidismo como expresión de su concepción del «sentido de Estado». Esto supone pactar con el PSOE los pilares del sistema, como los miembros del CGPJ, no dar la batalla cultural porque ya la ganó el progresismo, y tener a los nacionalistas como partidos bisagra, no como rupturistas.

La consecuencia es que el nuevo PP será el adalid de la buena gestión, el sanador del país enfermo que deje el PSOE, asumiendo así un papel subsidiario. No hará más política que la necesaria para corregir la que hagan los socialistas. Esto supondrá rebajar el antisanchismo. No se puede hacer una censura sistemática de aquél con quien se pacta lo fundamental. Sánchez pasará de ser la «calamidad» que hunde España a ser el socio preferente para sacar al país adelante.

Feijóo planteó en septiembre de 2019, en plena campaña electoral de Pablo Casado, que lo conveniente era un gobierno de «coalición nacional» o un pacto de legislatura entre PSOE y PP. En julio de 2020 lo repitió: «¡Qué bien nos iría con un gobierno a la alemana!», de coalición con un partido «socialdemócrata de verdad». Fue un llamamiento a la moderación de un PSOE echado al monte porque «su» PP estaba esperando.

Sin embargo, cuando Casado dijo lo mismo en Argentina en diciembre de 2021, y habló de la posibilidad de una «gran coalición» con un Sánchez moderado, repitiendo el ofrecimiento que Rajoy hizo en 2016, todo fueron críticas.

Ayuso ha forjado su liderazgo sobre el antisanchismo en nombre de la libertad. Lo ha dicho muchas veces: «No voy a pactar nada con el desastre», en referencia al PSOE. «Sanchismo o libertad», se oyó en la campaña del 4-M. Es más; Ayuso ha promovido un cambio legislativo para que los diputados no nombren a los jueces, por lo que no parece que vaya a aplaudir el acuerdo que pretende Feijóo con Sánchez para renovar el CGPJ. Y menos aún que esté contenta con un discurso que abogue por una «gran coalición» con el PSOE

La defensa del español es también una de las señas de identidad de Ayuso, lo que casa mal con inmersiones lingüísticas y connivencias con quienes quieren hacerlo desaparecer, como el PNV. En esto está también Cayetana Álvarez de Toledo, a quien chirría lo de cambiar las ideas políticas por el economicismo, y abandonar la batalla cultural para evitar la crítica de la izquierda.

En febrero de 2021, Cayetana dijo que tenía «una grave objeción de principios y de conciencia» con el «reparto de cromos» en el CGPJ. La independencia judicial es un pilar básico de la democracia, repite Cayetana, y eso pasa por que «los políticos no metan las manos en la justicia». En cuanto Feijóo tienda la mano a Sánchez oiremos la crítica.

La organización de un partido en plan taifas tampoco es del agrado de Cayetana ni de una parte del PP que considera que la oposición debe tener una voz, no diecinueve. Son concepciones diferentes. La construcción de una alternativa a un gobierno nacional tiene que ser identificable en cualquier lugar de España para que se vote a las siglas concebidas como un proyecto.

El nuevo PP no ha nacido todavía y ya se ve la disidencia. No se dejen confundir por los elogios actuales a Feijóo. Ocurre siempre. Los primeros días son de aplausos, loas y parabienes para el nuevo jefe. Luego vienen las caras largas y las críticas.