El boxeador Poli Diaz.
El boxeador Poli Diaz.Gonzalo Pérez MataLa Razón

Poli Díaz vuelve del infierno al “ring”: “Mi novia, Lola, me ha rescatado”

El siete veces campeón de España de peso ligero y ocho de Europa prepara su vuelta al boxeo, alejado del abismo de las drogas y apoyado por el amor de su vida. «No caeré en los errores del pasado»

El boxeo español recupera a una leyenda, Poli Díaz, que se entrena a sus 53 años para regresar al cuadrilátero en los primeros meses de 2021. «El Potro de Vallecas» recupera la ilusión en el «ring» y en la vida. Gracias a su actual pareja, Lola, la mujer que le rescató de los infiernos.

-¿Qué sentido tiene volver a boxear con su edad?

-La culpa la tiene Antonio Ricobaldi, un chaval al que regalé quinientas pesetas para que fuera al cine de pequeño y, hoy, treinta años más tarde, se ha convertido en mi promotor y mánager. Él me ha devuelto la ilusión. Con su empresa, Unlimited Global Challengers, es uno de los mejores ejecutivos del muay thai y el kickboxing de este país.

Siete veces campeón de España de peso ligero y ocho de Europa, Poli sueña con «vivir el éxito del pasado y lograr algún título. Ya sé que la edad impone, que no perdona, que debo ir poco a poco, entrenando muy duro y echándole cojones. Unos cojones que no me faltan. Quiero vivir la película de Rocky en la vida real. Mire, si Mike Tyson ha vuelto a pelear, yo no voy a ser menos. A ver quién tiene más huevos de los dos».

-¿A qué se ha dedicado en los últimos años?

-A estar tranquilo y a colaborar en algunos videoclips de grupos musicales. Publiqué mi autobiografía, que se titula «A golpes con la vida», y he participado en seminarios y charlas.

El boxeador Poli Diaz. FOTO: ©Gonzalo Pérez Mata La Razón

-¿Qué diferencia al Poli actual del de hace unos años?

-Uno no cambia como persona, pero aprende de los errores. Me siento como si tuviera veinticinco años, con la ventaja de que sé perfectamente de qué va este mundo.

-Sus adicciones le llevaron a situaciones límite. Las drogas le destrozaron la vida. ¿Está limpio ahora?

-Hace años que abandoné los malos hábitos y, por supuesto, me arrepiento muchísimo de los excesos que cometí en el pasado. Pero sinceramente creo que rectificar es de sabios.

–Le han tildado de persona «non grata», de mala gente, de ser antisocial.

-Son envidiosos que no me conocen de verdad. Faranduleros y mentirosos que saben de mí de oídas, de escuchar hablar de mí en los medios de comunicación. Que se centren en sus vidas y no nos fastidien a los demás. Nunca he sido un mal tipo. Me malearon mis adicciones. Eso forma parte de un pasado lejano ya olvidado. Y si lo recuerdo, es por las preguntas que me hacen los periodistas. Prefiero no hablar más de drogas y mala vida.

-Su pareja, Lola, le ha salvado de lo peor...

-Lola es canaria, pero nos conocimos en Madrid. Y sí, me rescató de los infiernos. Ella no es solamente mi mujer, sino también una compañera de vida y una gran confidente.

-Dicen que Lola tiene mucho carácter...

-Eso sí. Tiene un carácter volcánico, sin duda habría ganado diez campeonatos del mundo de boxeo. Pero que quede bien claro que soy yo el que llevo los pantalones en casa. Cada vez que hablamos, yo le respondo con un «sí, bwana» (ríe).

-Es padre de un hijo al que no ve. ¿No es así?

-Vive con su madre en Estados Unidos y hace años que no sé nada de él. Como padre me siento muy mal, pero es que su madre era sargento del ejército estadounidense y se llevó a nuestro hijo a su país.

-Sé que su familia intentó ayudarle en la peor etapa de su vida y no le «encontraron». ¿Existen reproches por uno u otro lado?

-Por mi parte, claro que no, ni reproches hacia los míos ni hacia aquellos amigos que intentaron ayudarme infinidad de veces y no les hice caso. Acabé en el infierno por mí mismo, tomando malas decisiones en determinadas etapas de mi vida.

-Ganó muchos millones y lo dilapidó todo.

-Con 22 años ya había ganado mil millones de las antiguas pesetas, es como si hoy le dan a un chaval veinte millones de euros y le dicen: «Haz con ellos lo que quieras». Y me los pulí.

-Supongo que ahora recomienda todo lo contrario a los boxeadores jóvenes…

-Claro. Pero ni soy un erudito ni voy de listo para dar consejos. Eso lo hacen los que van de sobrados por la vida y no tienen ni idea de nada. Yo solamente les diría que vivan su sueño y que no permitan que nadie les fastidie la vida. Humildemente, y por experiencia, les digo que cualquiera puede conseguir lo que se proponga, o por lo menos acercarse. En este mundo se gana y se pierde a partes iguales, y hay que estar preparados para todo. Cuando te llega la oportunidad, debes engancharla y aprovecharla... siempre para bien.

-¿Qué opina del momento político que vive el país?

-No me interesa la política. La mía es tener la cartera y la nevera llena. ¡Que viva España y la buena comida!

El boxeador Poli Diaz. FOTO: ©Gonzalo Pérez Mata La Razón

-¿Es cierto que, de no ser boxeador, se habría buscado la vida como novillero?

-Eso lo dije en broma. Me gustan los toros como animales y el toreo en sí, pero nunca me enfrentaría a un bicharraco de seiscientos kilos en una plaza. Prefiero que me pongan delante a Mike Tyson, Rocky Balboa y Manny Pacquiao juntos. Sería el combate de la historia. Un hito, una corrida a puñetazos (risas).

Busconas de lujo

Poli se ríe con picardía cuando le pregunto si es verdad que en su época dorada se le insinuaban señoras de buena familia. Y contesta: «Hubo señoras y señoritas famosas que se enrollaron conmigo, eso es evidente, pero no pienso desvelar ni un solo nombre porque soy un caballero. Yo ganaba trescientos millones de pesetas al año y se me acercaban para sacarme el dinero, eran ’'comebolsas”, advenedizas, busconas de lujo…».

-Tenía un amigo muy popular, que llevaba monóculo, que sabía mucho de ese tipo de ligues y le dio un buen consejo.

-Una noche, en la discoteca madrileña Long Play, Jaime de Mora y Aragón, el hermano de la reina Fabiola y gran amigo mío, me dijo: «Querido Policarpo, silencio absoluto sobre tus éxitos con las damas, un caballero español no cuenta jamás esas aventuras».

El boxeador Poli Diaz. FOTO: ©Gonzalo Pérez Mata La Razón

-¿Qué le pide al futuro?

-Buenas cosas. El futuro nos lo vamos montando nosotros mismos con nuestros actos y decisiones, y yo no caeré en los errores del pasado. He vuelto a ver la luz. Mi vida, lo tengo muy claro, fue una especia de ascensor sin freno, y ya es hora de pararlo. Boxear, montar un gimnasio y ser profesor de boxeo, ayudar a la gente que empieza en este mundillo. Todo el mundo se merece una segunda oportunidad. Y esta sin duda es la mía.