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Negro sobre blanco y sin mantilla: los detalles de la visita de Yolanda Díaz al Papa

Analizamos al detalle el estilo de la vicepresidenta

Después del cisma creado en su propio Gobierno a cuenta de su encuentro privado con el Papa Francisco, a Yolanda Díaz le ha faltado el puntito madrileño chulapón para liarse un mantón sobre los hombros e inflarse con él. Así, a lo galdosiano, con ese “característico arqueo de brazos y alzamiento de hombros con que las madrileñas del pueblo se agasajan dentro del mantón”. En su lugar, ha escogido un traje de pantalón entallado negro y una blusa blanca con gran lazada con la que burla, en parte, el protocolo del Vaticano, que exige ir de riguroso negro o tonos sobrios.

El asunto del dress code, sobre todo femenino, despierta mucha expectación en estas ceremonias. El protocolo manda que la mujer vista de negro o tonos sobrios y sin estampados llamativos. De manga larga y la longitud de la falda siempre por debajo de la rodilla. También es aconsejable cubrir la cabeza con una mantilla negra y evitar los escotes acentuados, el maquillaje recargado y cualquier signo de fastuosidad, como las joyas recargadas. Díaz no llevaba más adorno que unos pequeños aros dorados en sus orejas.

Yolanda Díaz con el Papa
Yolanda Díaz con el Papa FOTO: VATICAN MEDIA HANDOUT EFE

La mañana nublada en el Vaticano contrastaba con el maquillaje rosa pálido y rojo en los labios de la vicepresidenta segunda y el viento despeinaba su recogido. Caminó exultante por la ciudad que presume de tener el mayor número de helipuertos y de cadenas de televisión per cápita del mundo, saludando a los turistas y deleitándose en los goces del poder. Es la primera vez que el pontífice recibe a una dirigente de Unidas Podemos, pero no la primera en el Gobierno de coalición. Pedro Sánchez mantuvo una audiencia de 35 minutos el 24 de octubre de 2020 a la que acudió junto a su esposa, Begoña Gómez.

De negro y manga tres cuartos, con escote cerrado y largo por debajo de las rodillas, la mujer del presidente llamó la atención por no cubrir su cabeza con la tradicional mantilla. Aunque recomendada, no es obligatoria. Prefirió lucir su nueva melena con volumen y suaves ondas. Tampoco pasó desapercibido el look de Carmen Calvo, que el 5 de octubre de 2019 intercambió un saludo “cordial” con el Papa Francisco y con el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, Ajena a cualquier consejo de prudencia, escogió un top lencero escotado muy criticado.

Cualquier criterio se basa en el sentido común y el buen gusto tratándose de un acto como este. Ahí entra el veto de la minifalda, el pantalón corto o los hombros al descubierto. Tampoco se considera muy acertado el tacón excesivamente alto. Por su parte, el hombre debe ir con traje oscuro (negro, azul marino o gris Oxford) y corbata en tonos sobrios.

Yolanda Díaz saluda al Papa Francisco
Yolanda Díaz saluda al Papa Francisco FOTO: VATICAN MEDIA HANDOUT EFE

El color blanco, que Díaz deja asomar a través de la chaqueta, es un privilegio reservado a las reinas católicas o consortes de los monarcas católicos. Solo ellas pueden romper la exigencia del negro. Se conoce como el “privilège du blanc” del que hizo uso la reina Letizia en 2014, cuando se presentó ante el Papa con un conjunto de Felipe Varela bordado en hilo y compuesto por un vestido y chaqueta blancos. No cubrió su cabeza con mantilla, como sí hizo Charlene de Mónaco en 2016, que vistió un abrigo de color marfil y un delicado velo blanco.

La primera reina en servirse de esta distinción fue Victoria Eugenia, en 1923, durante una audiencia privada con el Papa Pio XI. También la Reina Sofía ha vestido de riguroso blanco, además de la tradicional mantilla con peineta, para ser recibida por cinco Papas. En general, las invitadas respetan escrupulosamente el dress code que exige la visita al Vaticano. Destacó especialmente la sobriedad de Melania Trump, entonces primera dama estadounidense. No fue el caso de Cherie Blair, esposa del ex primer ministro británico, Anthony Blair. Católica y muy ferviente, pero no reina, en 2006 vistió de blanco en su saludo al Papa Benedicto XVI.

Aparte de la vestimenta, el lenguaje gestual en este tipo de audiencias se convierte en motivo de desvelo, más teniendo en cuenta el carácter del Papa Francisco, tan reacio al exceso de pompa y a expresar con su rostro si el convidado es de su agrado. Hace solo unas semanas sorprendía su cálido encuentro de despedida con Angela Merkel. Ambos se fotografiaron sonrientes y con las manos entrelazadas. Fue, sin duda, una excepción, porque en la forma de dirigirse al pontífice, el protocolo es igualmente riguroso.

Antes de la pandemia, aquellos dirigentes que no profesan la religión católica podían limitarse a estrecharle la mano, pero lo formal y protocolario es el saludo con una discreta genuflexión inclinando el rostro para que quede a la altura de la mano. El gesto viene de la tradición de besar el Anillo del Pescador, una regla no escrita que el Papa Francisco, que acostumbra a romper formalidades, decidió no seguir. En lugar de este distintivo, porta su sortija como Obispo de Buenos Aires. Nunca se le saluda con un beso en la mejilla y el modo de dirigirse a él, de modo oficial, es como “Su Santidad” o “Santo Padre”.

Hasta última hora, ha habido mucho secretismo en torno a este viaje. El Papa, según ha manifestado Díaz alguna vez, es uno de sus líderes carismáticos y el encuentro podría ayudarle a reforzar esos hilos con los que teje su nuevo proyecto político. La fecha se adelantó para no coincidir con la visita ad limina de los obispos españoles, prevista para el lunes 13 de diciembre. Se desconocen cómo son sus jaculatorias, si es que las tiene, pero si alguna vez echó a volar la imaginación, la fantasía no le llevaría ni de lejos a este extraordinario recinto en el que deja claro que la esquinita a la izquierda hace tiempo se le quedó pequeña.

Como recuerdo, la política le ha regalado una estola hecha de plástico reciclado y una edición especial del libro de poesía ‘Follas novas’, de la gallega Rosalía de Castro. En las próximas horas se sabrá si le confió al Papa su fe, como hizo la histórica comunista Dolores Ibárruri a última hora con el padre jesuita Llanos, el mismo que, según Francisco Umbral, compartía con Tierno Galván en las tabernas el viejo anís Machaquito.