Asad “decapita” al Gobierno sirio para apaciguar las protestas

Destituye por sorpresa a su primer ministro en medio de una grave crisis económica

Syria demonstrations
Manifestación en respaldo de Bachar al Asad en DamascoYOUSSEF BADAWIEFE

El presidente Bachar Al Asad ha encontrado una cabeza de turco para que recaiga sobre él la ira de los sirios, que desde el domingo se están manifestando por el deterioro de las condiciones de vida y la caída al vacío de la libra siria, que ha llegado a mínimos históricos de 3.000 libras por 1 dólar. Por sorpresa, Asad anunció ayer la destitución de su primer ministro, Imad Khamis, que ha estado a cargo de pilotar el barco del Gobierno sirio en aguas turbulentas desde 2016. Su carrera política comenzó como miembro del Frente Nacional Progresista y en abril de 2011 fue elegido ministro de Electricidad, bajo el Gobierno del primer ministro Wael al-Halqi.

Khamis ha sido apartado de su cargo días después de que inaugurara la primera sesión parlamentaria tras un receso del Legislativo por la COVID-19 y en un momento en el que Siria vive una de sus peores crisis económicas desde el comienzo de la guerra civil en 2011, que ha dejado el país al borde del colapso que ha llevado a una inflación del 50%.

Con la crisis económica a lomos, Asad busca renovar al Ejecutivo sirio y sin más contemplación ha puesto al mando a Hussein Arnous, hasta ahora encargado a la cartera de Recursos Hídricos. Arnous, de 67 años, de Idlib, había servido en una larga sucesión de cargos gubernamentales, incluido el gobernador de la provincia de Deir Zor que limita con Irak y la provincia de Quneitra en el sur de Siria. El mandato relámpago de Arnous se extenderá a mediados de julio, cuando se esperan celebrara elecciones el 19 de julio.

El Gobierno continuará con su trabajo hasta la elección de la nueva Asamblea Popular”, indicó en un comunicado la Presidencia.

Khamis no es el primer político en caer a medida que crece la crisis. El 11 de mayo, Asad anunció también la destitución del ministro de Comercio, Atef Naddaf, sin ofrecer tampoco ninguna explicación. Las protestas sociales comenzaron el pasado domingo en la localidad prorégimen drusa de Sueida, y se han extendido a otras localidades también bajo control de Damasco, convirtiéndose en las más importantes desde que estalló la revolución en marzo de 2011.

Las autoridades sirias culpan a las sanciones de Estados Unidos y Europa por las dificultades generalizadas que enfrentan los sirios que luchan para poder pagar los alimentos y suministros básicos, después de que los precios se hayan disparado por la recesión. De hecho, días antes de ser destituido, Khamis dijo que la libra siria se había visto “afectada recientemente por el endurecimiento de las sanciones externas y la situación de los países vecinos”.

Asad ha tenido un error de cálculo y debería haber tomado medidas hace tiempo, después de ver hundirse la economía de su vecino Líbano, vía de escapa para los bancos sirios. La crisis financiera en Siria se espera que esa aún más grave, ya que a finales de mes entrará en vigencia las nuevas sanciones más estrictas de Estados Unidos, conocido como la ley Cesar, por los que los economistas y analistas vaticinan que la soga rodeará aún más al circulo de poder de Al Asad, y llevaría a daños colaterales en la población civil cada día más empobrecida.

El régimen sirio se enfrenta a dos guerras, la económica que amenaza la supervivencia de la vieja clase política siria si continúan las protestas sociales y por otro lado la conquista del último bastión rebelde de Idlib, donde Rusia y Turquía tendrán la última palabra.

Al Asad necesita a su aliado ruso y sus aliados regionales, Irán y la milicia libanesa Hizbulá para poder recuperar el control de todo el país. Sin embargo, la toma del último bastión rebelde sigue siendo un hueso duro de roer, donde los grupos yihadistas, entre ellos el Estado Islamico, se han hecho fuertes. Aún quedan más de 50.000 rebeldes islamistas de diferentes agrupaciones armadas contrarias a Damasco que operan en la región de Idlib, el este de Hasaka y el noroeste de Alepo.

De hecho, ayer murieron trece soldados regulares y milicianos progubernamentales en un ataque de Estado Islámico en Hama (centro), según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos.