Japón verterá al Pacífico el agua radiactiva de la central de Fukushima

Críticas de los países vecinos, los activistas medioambientales y los pescadores locales a la polémica decisión del Gobierno de Suga

Planta de energía nuclear de Daiichi en la ciudad de Okuma, prefectura de Fukushima
Planta de energía nuclear de Daiichi en la ciudad de Okuma, prefectura de FukushimaKIMIMASA MAYAMA / POOLEFE

La vista aérea de los tanques que guardan parte del millón de toneladas de agua contaminada procedente de la central nuclear de Fukushima impresiona. Diez años después del tsunami que provocó el accidente en dicha planta, los litros de agua radiactiva siguen acumulándose y cada día que pasa se acercan más a su capacidad límite. Pero ayer, tras dos años debatiendo cómo deshacerse de ella, el Gobierno de Japón anunció que su destino final será el Océano Pacífico, todo un revés para las organizaciones medioambientales y el sector pesquero local, que se oponen a la controvertida decisión.

Así lo anunció ayer el primer ministro, Yoshihide Suga, quien aseguró que se tomarán todas las medidas necesarias para garantizar la seguridad del agua tratada. Una decisión que llega cinco años después de que, tras barajar diversas alternativas como la evaporación a la atmósfera o la construcción de nuevos tanques, el gobierno determinara que la descarga en el mar es la forma más barata y rápida de eliminar este agua radioactiva. Más aún cuando el operador de la planta, Tokyo Electric Power Company Holdings Inc., ya había advertido de que esperaba quedarse sin capacidad de almacenamiento para el otoño de 2022 tras acumular ya 1,25 millones de toneladas de agua tratada.

Según explicaron, antes de verterla al mar se tratará con un sistema de procesamiento de líquidos llamado ALPS, que permite eliminar la mayoría de los materiales radiactivos presentes en el agua como el estroncio y el cesio, aunque no con el tritio, un isótopo de hidrógeno que no presenta riesgo para la salud humana en pequeñas dosis. Las autoridades niponas indicaron que el vertido, que tardará décadas en completarse, comenzará en dos años y cuenta con el respaldo del Organismo Internacional de la Energía Atómica, que se ha ofrecido a supervisar la operación.

No obstante, el polémico anuncio no sentó nada bien entre los países vecinos, que temen que repercuta en la salud de sus caladeros y ya han elevado una queja. Koo Yun-cheol, ministro de coordinación de políticas gubernamentales de Corea del Sur, expresó la oposición de Seúl al plan. El Consejo de Energía Atómica de Taiwán señaló que los parlamentarios de la isla autónoma tampoco lo aprobaban. Y desde China, el Ministerio de Relaciones Exteriores describió la solución como altamente irresponsable. “A pesar de las dudas y la oposición interna y externa, Japón ha decidido unilateralmente liberar las aguas residuales nucleares de Fukushima en el mar antes de agotar todas las formas seguras de eliminación y sin consultar plenamente con los países vecinos y la comunidad internacional”, rezaba el comunicado.

Críticas de los pescadores locales

De puertas para adentro, la decisión también se ha encontrado con la oposición de los pescadores, quienes lo contemplan como la estocada final a su intento por recuperar la confianza de unos consumidores que apenas compran lo que capturan. Si antes del accidente, la industria vendió más de 24.000 toneladas de productos de la zona, en 2020 apenas llegaron a las 4.200 toneladas.

Con todas las partes recelosas de la operación, el Ejecutivo nipón indicó que se reunirá la próxima semana para perfilar los detalles de una acción que aseguran no tendrá impacto negativo sobre la vida de los japoneses. Yumiko Hata, responsable para la central en el Ministerio de Industria nipón, ya aseguró en febrero que “aunque vertiéramos toda el agua de golpe, el impacto sobre la salud humana sería muy pequeño”.