Un cruel asesinato con el sello yihadista

Cada vez cobra más fuerza la hipótesis de que los reporteros españoles fueron víctimas de una banda terrorista

Llegada de los restos mortales de David Beriain y Roberto Fraile, y del conservacionista irlandés asesinados en Burkina Faso
Llegada de los restos mortales de David Beriain y Roberto Fraile, y del conservacionista irlandés asesinados en Burkina FasoLuis DíazLa Razón

Conforme pasan las horas cobra mayor fuerza la hipótesis de que los dos periodistas españoles asesinados en Burkina Faso fueron víctimas de una banda yihadista. En concreto, por la brutal forma de actuar, se apunta al Estado Islámico del Gran Sáhara (EIGS) que comanda Adnan Abu Walid al Sarhaoui, el terrorista del Sahel que habla español, por haber nacido en El Aioun y haber pertenecido al Frente Polisario. A este individuo le precede su fama de «carnicero» sin piedad, como ha demostrado en otras ocasiones, cuando grupos de occidentales han tenido la mala fortuna de topar con alguna de sus células.

Una de las hipótesis con la que han trabajado los expertos es que el crimen contra los reporteros David Beriain y Roberto Fraile hubiera sido cometido por individuos de las propias mafias del marfil, que iban a ser denunciadas en el reportaje. O que se tratara de simples forajidos que capturan a los occidentales y se los venden a los yihadistas para que puedan cobrar rescates a cambio de su liberación. Es una de las formas de actuar de la filial de Al Qaeda en el Sahel, el Grupo de Apoyo para el Islam y los Musulmanes, Jamat Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), al frente del cual se encuentra otro sujeto sin escrúpulos, Iyad ag Ghali, secundado por Amadou Koufa y Abu Obeida. Lo que ocurre es que esta facción yihadista es más «mercantilista» y prefiere los secuestros. Hace unos meses, logró la liberación de más de 200 de sus combatientes presos en Mali y una importante cantidad de dinero a cambio de algunos secuestrados.

La tesis de la autoría yihadista viene avalada, además, desde el ministerio de Defensa y el CNI; se subraya que los periodistas en todo momento «tuvieron la máxima prudencia en su actuación, más allá de la asunción de los riesgos inherentes a su profesión. Prueba de ello es que acompañaban a una unidad burkinesa dedicada a la lucha contra la caza furtiva». Agregan que «las fuerzas burkinesas estaban preparadas y trataron de repeler la agresión que sufrieron. En un primer momento lo lograron, pero después se vieron superadas por la potencia de fuego de los atacantes». Dato muy importante, porque sólo los yihadistas poseen ese potencial.

«Los atacantes no fueron traficantes ni cazadores furtivos. La capacidad de fuego y los medios utilizados», así lo avalan.