Crisis humanitaria

La ONU advierte que no se han recaudado los fondos suficientes para combatir la hambruna en Somalia

La organización contabiliza 770.000 desplazados internos a causa de la sequía y se prevé que ascenderán al millón en el mes de julio

Un médico somalí trata a un niño con síntomas de kwashiorkor, una enfermedad originada por la falta de proteínas.
Un médico somalí trata a un niño con síntomas de kwashiorkor, una enfermedad originada por la falta de proteínas.Farah Abdi WarsamehAgencia AP

La hambruna en Somalia se desarrolla rápido. Para empezar, muchos en el país consideran tabú comer pescado, y eso que tienen 3.333 kilómetros de costa para pescar (lo que les dejan las pesqueras extranjeras que se hacen con la mayoría del género), siendo la suya la segunda costa más extensa del continente africano, solo por detrás de la isla de Madagascar. Otras complicaciones importantes. Un 46% de la población vive en las ciudades y la tasa de desempleo del país, que se sepa, que se diga, es del 20%. El resto de la población vive en entornos rurales y se dedican principalmente a la ganadería, pero mantener el ganado sano para venderlo o comerlo cuesta primero mucha agua y mucho grano que hay que sacar inevitablemente de algún lugar para que la vaca, el dinero que viene y el futuro sobrevivan. Más cosas: en Somalia se está viviendo la mayor sequía desde que se tienen registros.

No es una sequía de las que todo un continente se vuelca para alimentarlos y los influencer conducen a Somalia para hacerse fotos trayendo a casa a un refugiado, no hay hordas de ayuda que se dirigen a Somalia. Es sencillamente imposible que ocurra algo así. Hacen falta tantas hordas de ayuda en tantos lugares que sencillamente es imposible atenderlos a todos. Los datos ofrecidos por la ONU estipulan que solo se ha obtenido un 15% del presupuesto requerido para hacer frente a una hambruna que ya no es futuro (como lleva advirtiéndose desde hace meses) sino que es presente, un pasado discontinuo desde la primera sequía del pleistoceno hasta hoy. Los datos oficiales apuntan 770.000 nuevos desplazados por la actual sequía, que se añaden a los 2,9 millones de desplazados que malviven desde hace años a casusa de los conflictos armados, que en Somalia no han sido pocos, ni poco demoledores. No son refugiados políticos ni refugiados de una guerra o de una catástrofe natural, sino que son 770.000 refugiados climáticos que podrían alcanzar el millón en julio.

Una recaudación insuficiente

El 24 de febrero de 2022 coincidieron el inicio de la guerra de Ucrania y que el Representante Especial Adjunto del Secretario General, Coordinador Residente y Humanitario de las Naciones Unidas para Somalia, Adam Abdelmoula, lanzó una asignación anticipada de 25 millones de dólares del Fondo Humanitario de Somalia (SHF) para brindar asistencia inmediata a las comunidades más afectadas por la emergencia por sequía en localidades prioritarias. Hace tres meses, Abdelmoula también anunció que 4,2 millones de personas estaban afectadas por la sequía en Somalia. Este número ascendió en los meses siguientes a los 7,1 millones de personas (el 44% de la población).

Campo para desplazados a las afueras de Mogadiscio, Somalia.
Campo para desplazados a las afueras de Mogadiscio, Somalia.Farah Abdi WarsamehAgencia AP

El Plan de Respuesta Humanitaria de Somalia 2022 de la ONU busca 1.300 millones de euros pero apenas si ha conseguido el 15% del presupuesto requerido, mientras sólo Reino Unido ha aportado 2.800 millones de libras para contribuir en la ayuda humanitaria a Ucrania. El desequilibrio en las ayudas propiciado por el vuelco de Occidente sobre la guerra de Ucrania ha despertado voces de alarma entre los organismos de ayuda dedicados a zonas menos interesantes para el televisor.

Cabe a destacar que la hambruna en Somalia no se debe tanto a la guerra de Ucrania. Los somalíes se alimentan de su propio ganado, mientras los alimentos importados proceden de Emiratos Árabes, China, Turquía o Etiopía en su mayoría. El gran problema que se vive en Somalia no se debe tanto a la guerra en Ucrania como a la sequía que sufre, que asesina a sus ganados y vacía y reseca sus estómagos. Teniendo en cuenta que los animales suponen el segundo producto de mayor exportación en el país, solo por detrás del oro, al hambre puede sumársele la precariedad económica que genera la imposibilidad de comercializar los bienes que produce Somalia. Son este tipo de dinámicas (falta de dinero, falta de agua, falta de alimento, falta de ayuda extranjera) las que conforman la ecuación de un desastre humanitario que se ve llegar.

Al-Shabaab

Uno de los factores más determinantes para sentenciar la hambruna en Somalia corresponde a la escasez de tierras fértiles donde pastorear el ganado. Alrededor del 25% del país está formado por desierto, mientras la sequía actual tampoco facilita la situación para los ganaderos somalís, que últimamente se ven envueltos en una serie de conflictos violentos por los recursos que quedan. A diferencia de la mayoría de países africanos, la población de Somalia pertenece a una única religión, forman parte de un único grupo étnico y como consecuencia todos comparten el mismo idioma. Es destacable que no existan factores étnicos en los conflictos actuales, mientras que la falta de recursos es la causa principal que enfrenta a unos ganaderos con otros. Esto será si no añadimos, claro está, al grupo yihadista conocido como Al-Shabaab y que opera desde hace más de catorce años en el país.

Al-Shabaab provoca una enorme desestabilidad en Somalia, fomenta los ataques terroristas y los asaltos en los caminos, roba, mata, presiona, desmorona. Pero también controla los terrenos más fértiles de todo Somalia, ubicados en la zona sur del país y necesarios para mantener en funcionamiento la economía ganadera. Al igual que otros grupos yihadistas del continente, los miembros de Al-Shabaab ofrecen a los ganaderos vivir dentro de su territorio, siempre y cuando acepten las rígidas normas de la sharía. Los ganaderos se ven entonces ante tres posibilidades: huir de Al-Sahaab, aceptar sus normas y su opresión, o morir. Cada vez parece más sensato aceptar la segunda posibilidad, si la huida significa igualmente la muerte y la sed de la sequía.

Esta no es la primera sequía que asola el Cuerno de África. Aunque los expertos señalan que esta se trata de la peor desde que se tienen registros, en los recuerdos de los somalíes todavía resuenan los ecos del desastre acontecido en 2011, cuando 250.000 personas murieron a causa de la hambruna. Algo similar ocurrió a finales del siglo pasado, durante los primeros años de la guerra civil somalí. Desde los organismos internacionales reconocen la importancia de prevenir la hambruna, antes de que sea demasiado tarde, y establecer los parámetros de ayuda adecuados antes de que sean completamente necesarios. Desde la prevención se gestionó la sequía sucedida en Somalia en 2017 y cuyos resultados fueron enormemente positivos en comparación con el horror de 2011.

La vida es dura en Somalia. Siempre ha sido así. Siempre han ocurrido sequías y hambrunas, aunque esta sequía sea la más devastadora hasta la fecha. Si no son los terroristas islámicos quienes atacan tu ganado, son los bandidos, y si no son los bandidos, son otros ganaderos igualmente desesperados por sobrevivir. Los millones de desplazados internos y cientos de miles de refugiados huidos a otros países (especialmente a Sudán, Etiopía y naciones árabes) no se restan, se suman cada año por nuevas causas añadidas a la receta de su drama.