Cultura

De Bolsonaro y el fascismo a la vejez y el cambio de sexo

Alain Platel y Christiane Jatahy centran la atención en el Temporada Alta de Gerona con «Gardenia» y una versión de «Dogville»

Christiane Jatahy mezclará el cine y el teatro sobre el escenario de El Canal, Gerona
Christiane Jatahy mezclará el cine y el teatro sobre el escenario de El Canal, Gerona FOTO: Magali Dougados

Arranca el segundo mes del Temporada Alta con uno de esos fines de semana que gustan al espectador más teatrero. Entre el puñado de propuestas que ofrecen las tablas gerundenses sobresalen dos visitas internacionales: la de Alain Platel y la de Christiane Jatahy. El primero, referencia de los escenarios europeos, regresa con «Gardenia» (en el Teatro Municipal), el montaje que presentó en 2010 en este mismo festival, aunque en «una versión revisada», dicen de un trabajo que el belga firma junto a Frank van Laecke y Steven Prengels. Prácticamente el mismo reparto, pero todos diez años más viejos y con nuevos pensamientos sobre el presente. Y, por su parte, la brasileña ocupará El Canal con una lectura personal del clásico de Lars von Trier «Dogville», «Entre chien et loup» («Entre perro y lobo»), donde rebusca en los límites del cine y el teatro para denunciar las maneras «bolsonarianas»: «Me interesan las fronteras para borrarlas», asegura.

La historia original aquí se transforma en una lucha entre la docilidad y el salvajismo, el perro y el lobo. Julia Bernat se mete en la piel de la protagonista, Grace, una brasileña que pertenece a las clases privilegiadas pero que debe escapar del gobierno. Es donde Jatahy pone el dedo sobre Bolsonaro «y los que le rodean»: «Es un gobierno irresponsable que está destruyendo derechos y conquistas».

Así, Grace huye con la esperanza de conocer una sociedad en la que las relaciones sean diferentes, basadas en el respeto, y, en esas, llega a un teatro donde unos actores está haciendo una película y reflexionan sobre la idea de aceptar al otro. Escapa del fascismo y, sin darse cuenta, se lanza a sus brazos por otro lado como un ser que avanza decidido hacia su trágico destino, «y es que esta ideología nace y se propaga a partir de las relaciones íntimas», asegura Jatahy. ¿Qué significa la ola de intolerancia que baña al mundo? ¿Cuándo se desata el odio al diferente? ¿Por qué normalizamos lo que estaba prohibido?... Son las cuestiones que se plantea la directora a través de ese lenguaje híbrido entre dos mundos.

Un momento de «Gardenia», de Alain Platel
Un momento de «Gardenia», de Alain Platel FOTO: Luk Monsaert

Más gamberra es la propuesta de Alain Platel que paseó hace una década por Aviñón y Gerona. Entonces, recogió las historias vitales de nueve personas que en un momento de su vida asumieron una nueva identidad como mujeres. Individuos ya entrados en años que hacían de sus recuerdos de lucha un «sobrecogedor relato, a veces duro, a veces divertido, pero siempre único» con una coreografía que se mueve por la ambigüedad. Eso sí, diez años después, la función pone especial atención en el paso del tiempo.

El proyecto, nacido del documental «Yo soy así» (2000), de Sonia Herman Dolz, supone la incursión en las vidas de una «troupe» de antiguos artistas. «No es una obra de ficción, es un relato singular, un cuento lleno de intimidad que explora la vejez a través del travestismo y la transexualidad», explica Platel de esta «danza bastarda llena de elementos opuestos que, a primera vista, no conectan entre sí», y continúa: «Fue difícil se homosexual en los 60 y los 70, y más duro todavía para los que cambiaron de sexo. Por eso, mi interés cuando hago una obra así es conocer la percepción de vida de los protagonistas y de qué forma intentan sobrevivir», cierra Platel.

  • Dónde: Teatro Municipal y El Canal, Gerona. Cuándo: mañana y pasado. Cuánto: 10, 25 y 30 euros.

NO LE LLAMEN COREÓGRAFO

«Gardenia» regresa a Gerona remozada y con el subtítulo «10 años después» para no engañar a nadie. Pero la esencia del montaje de Alain Platel es la misma que tomó del documental de Sonia Herman Dolz en el que se recogían los últimos días de la Bodega Bohemia, un decadente local barcelonés para el que el paso del tiempo fue demasiado. No esconde Platel los orígenes de una función de la que es director, pero no coreógrafo: «No me formé como tal, me da vergüenza. Me siento director, como un entrenador que aprende a hacer teatro haciéndolo».