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Los sindicatos aprietan a Sánchez para derogar la reforma laboral

El Gobierno arrincona a los empresarios para aprovechar su único cartucho electoral

  • El Presidente del Gobierno, Pedro Sanchez, y la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, con los líderes sindicales
    El Presidente del Gobierno, Pedro Sanchez, y la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, con los líderes sindicales /

    Alberto R. Roldán

Tiempo de lectura 2 min.

12 de febrero de 2019. 17:41h

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H. Montero 12/2/2019

Desde que Pedro Sánchez cruzó el umbral de La Moncloa como presidente del Gobierno, los sindicatos de clase estaban aguardándole con una exigencia por encima de todas: tumbar la reforma laboral que impulsó el PP de Rajoy y que fructificó en una creación de empleo récord, 611.146 puestos de trabajo en 2017, el último año completo de legislatura popular.

Las reticencias de la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, a derogar «alegremente» toda la reforma, que logró recuperar desde su entrada en vigor más del 80% del empleo destruido durante la crisis hasta la llegada de Sánchez al poder, forzó a los sindicatos a cambiar de estrategia y hablar de una modificación «por elevación». En el marco del diálogo entre el Ejecutivo y las centrales CC OO y UGT, ambas partes acordaron abordar la «contrarreforma», pero sin contar con los empresarios.

Los sindicatos acordaron la recuperación de la ultraactividad (mientras no haya acuerdo para un nuevo convenio, rige el antiguo), la prevalencia del convenio de sector sobre el de empresa, la limitación a la subcontratación con la obligatoriedad de que las empresas auxiliares adopten el convenio sectorial, y la recuperación del subsidio para mayores de 52 años.

La patronal CEOE anda con la mosca detrás de la oreja ante la posibilidad de que Sánchez apriete al máximo en el marco del diálogo social con el objetivo de sacar adelante alguna de las medidas pactadas con los sindicatos y poder presentar así ante el electorado de izquierdas estas modificaciones como un «éxito». El hecho es que, ante el más que probable adelanto electoral, el Gobierno no tiene mucha munición que ofrecer. Su raquítica minoría no le ha dado para aprobar ninguna medida de calado, por lo que algún retoque en la reforma laboral del PP sería presentada como una enmienda a la totalidad, una auténtica contrarreforma.

Los representantes sindicales saben de las penurias que atraviesa Sánchez y están dispuestos a sacar tajada. Por eso, el líder de CC OO, Unai Sordo, ha apremiado al Gobierno para que «aborde las reformas pendientes» antes de las elecciones. «Es perfectamente posible aprobar cosas de reforma laboral, que ahora es lo más prioritario», ha insistido Sordo, que también ha hecho hincapié en que las organizaciones sindicales no van a dejar de solicitar que se tomen compromisos bipartitos, «ojalá tripartitos», para corregir los elementos principales de las reformas de la devaluación.

La negativa de la CEOE a tocar una coma del cuerpo general de la reforma –como admitió en una reciente entrevista su presidente, Antonio Garamendi, a este diario– está detrás de ese «ojalá tripartitos». Y es que Sánchez podría estar tentado en ese retoque cosmético de la reforma dejando al margen a los empresarios. La contrarreforma es el casi el único cartucho del que dispone Sánchez.

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