Boadella: «Es el indulto más interesado que ha existido en España»

Asegura que las generaciones actuales en Cataluña están educadas «con el odio hacia todo lo español»

Entrevista Fin de Semana a Albert Boadella  en las calles de San Jorge Desvalls (Girona)
Entrevista Fin de Semana a Albert Boadella en las calles de San Jorge Desvalls (Girona)Alberto R. RoldanLa Razón

Tan diáfano como siempre, el polifacético fundador de Els Joglars, dramaturgo, escritor y presidente de Tabarnia, Albert Boadella, atiende a LA RAZÓN para analizar la concesión de los indultos a los condenados por los actos del 1 de octubre de 2017.

–La decisión de indultar a los condenados por el «procés», ¿representa el sentir de la sociedad catalana?

–La sociedad catalana, desde el punto de vista político, está totalmente dividida. Es una sociedad en la cual hay una parte donde la gente se ha apuntado a generar el odio contra la otra y el odio contra el resto de españoles. Por lo tanto, la decisión que ha tomado el presidente ha sido una decisión contra nosotros, contra los que hemos sido víctimas de este odio. Puede dar las razones que quiera pero la razón esencial es inclinarse por una parte de los catalanes que han intentado rebelarse contra el orden constitucional y contra la parte que hemos sufrido durante años esta especie de segregación.

–Pedro Sánchez insiste en que abrirá un nuevo tiempo de diálogo, ¿cree que los indultos apaciguarán el ambiente?

–La justificación está muy clara: trata de mantener unos acuerdos gubernamentales que le benefician a él. Es el indulto más interesado que ha existido en España. Es un indulto en beneficio de quien da el indulto, cosa que hasta ahora no era así. Los indultos se daban con otro beneficio, en cualquier caso, al que beneficiaba era al que lo recibía y no beneficiaba a quien lo daba.

––El Rey, por mandato constitucional, firmó la medida de gracia, ¿cree que se está utilizando a la Monarquía?

–Estos indultos son de forma muy clara pasarse por el forro al sistema judicial español y por otro lado, en el fondo, poner en una situación complicada a la propia institución de la Monarquía, puesto que tiene que firmar unos indultos con los que la mayoría de los españoles está en contra. Por lo tanto, significan una agresión a esas dos son instituciones importantísimas. Son más importantes que la propia institución gubernamental.

–El anuncio de los indultos se envolvió en una gran escenografía. El lunes, el presidente ofreció una conferencia desde el Liceo y el martes desde la escalinata de la Moncloa, ¿ve mucho teatro en la política actual?

–Todos los actores, en este caso estamos hablando de un impostor importante como es Sánchez, buscan sus formas teatrales. Es decir, para estafar al personal y mentir con un descaro total para edulcorar esa cantidad de mentiras e impostura, hay que dorar la píldora y darle cierta escenografía. No olvidemos que los campeones internacionales de escenografía siempre han sido los fascistas. El régimen nazi fue un régimen con un diseño escenográfico extraordinario. La entrada en el Liceo, en una forma más provinciana, recordaba a esas cosas. Por tanto, es lógico que cuando hay que engañar, como es el caso de Sánchez, hay que tener cierta teatralidad. Piensa que le da un credibilidad.

–¿Qué opinión le merece que qué se comparen los indultos con la negociación del fin de ETA?

–La izquierda en España en estos últimos tiempos ha perdido todo los signos de identidad, incluso yo creo que ha perdido la vergüenza. Y, por lo tanto, hemos visto cómo se han girado las cosas que creíamos los españoles que teníamos claro.

–¿Cree que el buen resultado de Salvador Illa animó al Ejecutivo a otorgar la medida de gracia?

–Sin duda alguna. El PSC tiene que ver en esta cuestión y el ministro Iceta ha sido un gran contaminador del PSC. No olvidemos que el PSC significaba la oposición al nacionalismo y de golpe pasó sus filas, a través del tripartito, al nacionalismo. Por lo tanto, el hecho de que hayan crecido sus votos puede explicar que Sánchez se haya creído que a través de esto podía conseguir determinadas soluciones.

–Como catalán, ¿percibe tensión en la calle?

–Tengo que decir que mi día a día es prácticamente sin contacto. Ni con el resto del mundo cultural –que ya forma parte del régimen– ni, naturalmente, con el mundo político, que está todo del otro lado. Yo veo que la Cataluña que yo había conocido y en la que yo había trabajado en los primeros años de la democracia es una Cataluña irreconocible. Hay una parte importante que forma parte de una secta. Y, luego, hay otra Cataluña que es una Cataluña silenciada.

–¿Cómo se puede cambiar esa situación?

–Esa opción solo se puede esperar generacionalmente. Obviamente, habrá una generación que se enfrentará a sus maestros, a sus padres y a sus profesores universitarios por la situación en la que les han metido. Pero las generaciones actuales están educadas en Cataluña con el odio a todo lo español y eso es muy difícil de reconstruir. Lo veo muy complicado. Yo tengo esperanza en mis nietos. Seguramente su generación lo juzgará de manera distinta y lo hará, espero, de una forma exigente y justa.

–¿Ve usted a algún dirigente político capaz de protagonizar un cambio?

–La única persona que me ha parecido en cierta medida insólita ha sido Isabel Díaz Ayuso. Y digo insólita porque ha aparecido de la noche a la mañana y es una mujer que ha dado inducción a mucha gente. Eso es algo que valoro muy positivamente. En Cataluña no encuentro a nadie. Ni a un lado ni a otro.