García Margallo: «En la Transición todos queríamos acertar y ahora se busca que el otro se equivoque»

Ve posible una reforma constitucional pero advierte: con un acuerdo cerrado

José Manuel Margallo en el escaño del Congreso de la época de las Cortes Constituyentes
José Manuel Margallo en el escaño del Congreso de la época de las Cortes Constituyentes FOTO: Gonzalo Pérez Mata La Razón

Diputado constituyente, exministro, eurodiputado, tiene desde hace tiempo redactado un plan de reforma constitucional que plasmó en uno de sus libros y ve que ahora es posible acometerlo.

¿Es posible, en la situación actual, llevar a cabo una reforma de la Constitución?

Es más difícil hoy que ayer pero será todavía más difícil mañana. En el Congreso hay partidos que quieren transformar la España Constitucional en una España plurinacional y mutar el Estado autonómico en un Estado federal o confederal con derecho a la autodeterminación incluido. Por eso, son muchos los que temen meterse en este berenjenal. Pero ignoran que una reforma rígida de la Constitución incluye un mecanismo de seguridad para evitar estas extravagancias. La reforma de la Constitución se hace en dos fases. En una primera fase las Cortes actuales aprobarían los principios que deben inspirar la reforma, las cosas de las que se habla y de las que no se habla. Si alguien quiere introducir cuestiones que no se pueden tocar, se levanta uno y se va. Sólo si se ha consensuado el perímetro de la reforma, se pasa a la segunda fase, que corresponde a las Cortes siguientes. Y al final la reforma se somete al referéndum de la nación.

¿Qué es lo que no se puede cambiar?

Lo que no se puede tocar son lo que Cánovas llamaba las verdades madre, es decir aquellos principios no escritos en ninguna Constitución pero que forman parte de la esencia misma de España: la unidad nacional, la Corona, la separación de poderes, la igualdad en derechos y obligaciones de todos los españoles que proscribe el federalismo asimétrico que se traduce en privilegios para unas comunidades que no se extienden a las demás, y la solidaridad interna porque una nación o es un entorno de solidaridad, o simplemente no es una nación. Y tampoco, la economía social de mercado ni el europeísmo.

¿Qué puntos habría que reformar?

Ha llovido mucho desde que se aprobó la Constitución, y hay cosas nuevas como la globalización, los avances en biomedicina y los nuevos derechos que garantizan la privacidad y seguridad al individuo como la protección de datos o de la propiedad intelectual, derecho a la integridad de las personas, etc. Las crisis económicas que hemos tenido plantean también la conveniencia de plantear derechos sociales como el acceso a los servicios de colocación y la formación gratuita para los desempleados. Existen también derechos de nuevo cuño como el de buena gobernanza. Me parece obvio también que hay que hacer del Senado una auténtica cámara territorial y que hay que acabar con la discriminación por razón de sexo en la sucesión a la Corona, delimitar bien las competencias del Estado y las Comunidades Autónomas, establecer los principios básicos de la financiación autonómica. Sería bueno también establecer una clausula europea que haga frente a una realidad que los constituyentes no pudimos contemplar porque entonces no estábamos aún dentro de la Unión Europea. ¿No podemos ponernos de acuerdo en todas estas cosas?

¿En esa reforma habría que resolver el «encaje» de Cataluña?

Creo que las reformas que acabo de mencionar ayudarían a resolver la cuestión catalana, como creo que ayudarían también una ley de lenguas y una financiación autonómica que consagrase la corresponsabilidad fiscal. Mi filosofía es muy clara: los servicios esenciales (educación, sanidad) a nivel medio -para todos igual- que nos podamos permitir sin caer en quiebra, correrían a cargo de la Administración central; los servicios no esenciales (embajaditas, televisiones autonómicas) o las mejoras de calidad en los servicios esenciales (clases de equitación en el recreo, una ratio profesor/alumno menor que la media) correrían a cargo de las Comunidades Autónomas, o mejor dicho de sus contribuyentes, que son los que van a disfrutarlos. ¿Qué impuestos serían recaudados por la Administración Central y cuáles por las Comunidades Autónomas? La respuesta aquí es sencilla. La hacienda central recaudaría los impuestos que pueden alterar la competencia (renta sobre el ahorro o sobre los rendimientos empresariales, impuesto sobre el valor añadido, impuestos sobre hidrocarburos, sobre la energía y medioambientales). Los demás impuestos y también los precios públicos serían recaudados por las CCAA. Con este sistema se resuelven tres problemas: la igualdad, la autonomía fiscal y la corrección del déficit porque no es lo mismo disparar con pólvora del rey que tener que explicar a los contribuyentes en qué se gasta el dinero.

Jose Manuel Margallo.
Jose Manuel Margallo. FOTO: Gonzalo Pérez Mata La Razón

Pero, con esa «mesa bilateral» de Gobierno y Cataluña, ¿dónde queda «el todos somos iguales» de la Carta Magna?

Yo prefiero que las cuestiones territoriales se resuelvan entre todos en el Senado y con luz y taquígrafos, a que se hagan en mesas sin orden del día ni líneas rojas. Lo que le quiero advertir es que hoy el procés, se está desarrollando ahora en Madrid, porque estamos asistiendo a una deslegitimación de aquellas instituciones que constituyen la barrera para que el procés vuelva a reiniciarse cuando ellos entienden que se dan las circunstancias. Ellos van a seguir. ERC lo que ha dicho con claridad es «hoy paciencia, mañana independencia». ¿Qué tienen que hacer? Desgastar, desnaturalizar y destruir aquellas instituciones que pueden evitar que vuelvan a saltar a la calle. Por eso la ofensiva que llevan a cabo contra la Corona, contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, la Justicia, etc.

Para esa reforma habría que hacer un referéndum nacional, ¿existe el miedo de que se cuelen otros referendos?

Referéndum son los que se convocan de acuerdo con nuestra Constitución. No hay más referendos que esos, una reforma de la Constitución requiere un referéndum que está reglado por la Carta Magna. ¿Que quieren otro referéndum? Pues eso no es posible sin cambiar la Constitución. Y el cambio de la Constitución sólo es posible si cuentan con las mayorías a las que me he referido antes y con el referéndum de toda la nación.

¿Dónde estamos?

Pues estamos haciendo lo contrario de lo que hicimos los diputados constituyentes. El gran secreto de la Transición fue que todos queríamos acertar y ahora parece que lo único que se les ocurre a los políticos es esperar que se equivoque el adversario en vez de poner sobre la mesa alternativas mejores. La otra gran diferencia con la Transición es que la protagonizan dos grandes partidos de centro derecha y centro izquierda, la UCD y el PSOE, que coincidían en las grandes cuestiones de Estado y que podían alternarse en el gobierno sin que crujiesen las cuadernas del Estado.

Hoy hemos desenterrado todos los defectos que históricamente extorsionaban la convivencia: la fragmentación, la polarización, la radicalización, la voladura de los puentes entre los adversarios. Y eso es muy grave porque hoy España necesita un nuevo contrato social para resolver los problemas que tenemos y un nuevo modelo económico capaz de sobrevivir a nuevas crisis. Y eso exige el acuerdo de dos grandes partidos centristas y centrados. Me preocupa que la única solución que hoy se atisba sea una política de bloques, frentista como las que hicieron imposible la convivencia en nuestro pasado. No vamos a ir a una guerra civil, pero sí es posible que el poder esté en la calle, que nadie sea capaz de gobernar, de dirigir la nación, y que los extremismos aprovechen ese vacío para tensar a una sociedad desesperada y huérfana de soluciones.

Jose Manuel Margallo.
Jose Manuel Margallo. FOTO: Gonzalo Pérez Mata La Razón

¿Ahora el PSOE da miedo?

Sí, sí. Creo que la deriva del sanchismo da miedo a muchos españoles y da miedo a muchos socialistas. Para empezar, ha culminado otra operación que no había hecho Zapatero, la de quedarse con todo el PSOE. El socialismo es un partido minarete porque Sánchez ha eliminado todos los contrapesos anteriores. Sánchez y eso es más grave, ha acentuado la deriva que inició Rodríguez Zapatero en Tinell para excluir del juego político a los partidos constitucionalistas. Su estrategia actual pasa por tensar la sociedad y pintar al PP como un partido franquista y prácticamente ausente de los territorios históricos. ¿cómo una formación política que no está presente allí puede vertebrar la nación y gobernar? El recordatorio permanente de que el PP y Vox gobernarán juntos, es el “no pasarán” de hoy.

¿Ve posible un pacto nacional con Vox?

El PP y Vox son partidos distintos. Nosotros creemos en el Estado autonómico, y Vox no. Nosotros estamos por la profundización del proyecto europeo, y Vox no. Nosotros creemos en el multilateralismo y Vox está contra lo que ellos llaman el globalismo que no es otra cosa que el refuerzo de los organismos multilaterales que nos dimos después de la guerra en 1945. Si hubiera que llegar a entenderse con ellos, habría que concretar en un acuerdo de coalición serio lo que podemos hacer juntos y lo que en ningún caso podemos admitir. Pero creo que ahora lo urgente es que el PP presente un programa de centro, liberal y reformista, que nos permita reconocernos y ser reconocidos por los demás.

¿Ve en Yolanda Díaz ese “cambio amable” de Iglesias o le preocupa?

Yo no he hablado nunca con ella, pero he hablado con mucha gente que la conoce. Yolanda es muy lista, viene del sindicalismo, está acostumbrada a trabajar horas y horas, y a negociar. Por lo tanto, es mucho más peligrosa que Pablo Iglesias. Yo sí creo que puede crear una alternativa para agrupar a los colectivos que se vayan desengañando de las políticas de Sánchez, sobre todo ahora que va a tener que renegar de muchos de los dogmas de Unidas Podemos para contentar a Bruselas.

Crisis en el PP

Con todo, ¿entiende la crisis del PP y las disputas contra Díaz Ayuso?

Por razón de edad soy hijo de la ilustración y de la razón y esto no lo entiendo y no me parece racional. Aquí hay una prioridad nacional: crear una alternativa de gobierno y para eso hay que respetar los calendarios. Primero vienen las andaluzas y luego las autonómicas donde la candidata va a ser Díaz Ayuso, que ha demostrado un arrastre electoral auténticamente sorprendente. Y si lo tiene, pues que esté a tu lado, llévala del brazo a todas partes, di que esta es la señora que está haciendo las políticas que tú vas a hacer en España. No logro entender dónde está el conflicto. Es la candidata que nos sacó de una situación de hundimiento y cuanto mejor resultado tenga, mejor resultado para Casado también.

¿Cree que está cuestionado el liderazgo de Casado?

Yo no creo que esté cuestionado. Como no están cuestionados ni el liderazgo de Ayuso ni el de Almeida, que se entienden divinamente y que saben que forman un tándem imbatible.

¿Se leyó el libro de Cayetana Álvarez de Toledo? ¿Entiende las críticas que hace desde dentro?

Pues no, pero lo haré. Creo que Cayetana defiende ideas muy valiosas y que tiene derecho a defenderlas. El PP no puede parecerse al partido comunista de la Unión Soviética en que cualquier discrepancia te mandaba al gulag. Pero dicho eso, y por lo que he leído, parece que Cayetana hubiese dado más gloria a Dios callando algunas de sus opiniones sobre nuestros compañeros de partido.

Política Exterior

Como ex ministro de Asuntos Exteriores ¿cómo ve en estos momentos las relaciones con Marruecos?

Muy mal. Ahora tenemos un problema añadido, que es que los marroquíes quieren hacer una granja en aguas que están en disputa entre Melilla y Nador. En Rabat no se entendió que Sánchez no acomodase la agenda para que la primera visita fuese allí. Lo siguiente fue poner sobre la mesa el tema de Ceuta y las aguas de Canarias que es algo a lo que nunca van a renunciar, pero cuando tienes buenas relaciones esas cosas no se ponen encima de la mesa. Además, lo de traer a Ghali –secretario general del frente polisario- es un tema incomprensible. Con Argelia ese diálogo hubiera sido muy sencillo: tiene causas pendientes en la Audiencia Nacional, si le traemos a España podemos tener un problema de que a este señor lo detengan y tengamos un lío diplomático.

¿En Cuba se está gestando una revolución por hartazgo?

El gran problema que tiene Cuba es que haya pluripartidismo y surja un partido que sea contario al régimen. Pero eso te obliga a muchas cosas: si no quieres partidos no puedes tener libertad de asociación, de prensa, de sindicación... todo eso te hace vivir en un gueto. La única solución es entenderse, hacer una transición a la española y restablecer las libertades, ir a unas elecciones y que no haya represalias ni para unos ni otros