«Operación Balmis»: dos meses de guerra contra el coronavirus

Los militares han realizado más de 19.140 intervenciones, de las que 11.000 han sido misiones de desinfección. El «pico» del despliegue se registró el 3 de abril, con 8.261 efectivos en 291 municipios

En la calle y en los hospitales. En aeropuertos o residencias de ancianos. En un laboratorio farmacéutico o en las fronteras... Desde el pasado 15 de marzo, las Fuerzas Armadas participan en una misión nada convencional que, sin embargo, se ha convertido en la mayor operación en territorio nacional en tiempos de paz. Y es que en estos dos últimos meses España ha sido su teatro de operaciones con diferentes «puntos de conflicto» por todo el país. Bajo el nombre de «Balmis», los uniformados han realizado tareas de todo tipo, como desinfectar instalaciones críticas, ayudar a levantar hospitales de campaña, transportar material sanitario o atender a pacientes en una UCI montada en un recinto ferial. En total, unas 19.143 intervenciones en cerca de 2.350 localidades. Y siguen, porque, aunque ya están de «desescalada», continuarán activos hasta que finalice el estado de alarma.

Fue el 14 de marzo cuando recibieron la orden de la ministra de Defensa, Margarita Robles, de desplegarse para contribuir, con todas sus capacidades, a la lucha contra el coronavirus. Y un día después, las botas de los primeros 911 efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) empezaron a pisar las calles. Ellos fueron, junto con los sanitarios militares (arrancaron unos 2.500), la «punta de lanza» de esta operación, a la que poco a poco fueron sumándose el Ejército de Tierra, el del Aire, la Armada y la Guardia Real.

Prácticamente el despliegue militar ha evolucionado de forma paralela a la curva de la pandemia. Día a día, hasta la primera semana de abril, el contingente no dejó de ampliarse, pasando de esos 911 uniformados a los 5.144 del 3 de abril, a los que apoyaban otros 3.117 sanitarios en los hospitales de Defensa de Madrid y Zaragoza o en el Centro Militar de Farmacia de la Defensa. En total, en el «pico» se contabilizaron 8.261 efectivos en 291 localidades de todo el país.

Creció tanto porque las diferentes comunidades no dejaban de solicitar su ayuda para desinfectar, levantar tiendas de campaña o transportar material. Y esas peticiones llegaban –y llegan– al Mando de Operaciones (MOPS), desde donde se controla a esos miles de efectivos. Al frente de todos ellos, el teniente general Fernando José López del Pozo, comandante del MOPS, quien en una entrevista a LA RAZÓN aseguró: “No nos esperábamos algo tan gordo como esto”. En esos primeros días de abril llegaban a recibir hasta 600 solicitudes de ayuda que tenían que gestionar y priorizar. Y una de esas prioridades ha sido en todo momento la descontaminación de las residencias de ancianos.

5.225 residencias desinfectadas

En todo este tiempo los militares han llevado a cabo unas 11.000 desinfecciones en puntos críticos de todo tipo, pero sobre todo en geriátricos, pues han actuado en 5.225, siendo en los de la Comunidad Valenciana en los que más han intervenido. Pero también en hospitales y centros de salud, fumigando cerca de 3.300. O en 1.150 centros sociales, 150 puertos, 134 aeropuertos... La descontaminación ha sido la «estrella» de esta misión y, como ejemplo, en una jornada han llegado a desinfectar 280 residencias.

Pero también han colaborado con los hospitales de numerosas formas, ya sea prestando apoyo sanitario, cediéndoles morgues improvisadas o levantando hospitales provisionales para aumentar su capacidad en los momentos más duros de la crisis. Hasta 1.950 intervenciones en estos centros en los que, entre otros, han ayudado a montar una veintena de hospitales de campaña o carpas para realizar test a los ciudadanos.

De toda España les llegan peticiones y en toda España han actuado. Y las regiones que más ayuda han solicitado a las Fuerzas Armadas han sido Andalucía, Madrid y la Comunidad Valenciana. La que menos, el País Vasco.

Pero también los militares han llevado a cabo otro tipo de misiones, como es el apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, con cerca de 750 actuaciones de este tipo. Entre ellas, la presencia en todas las fronteras españolas o en las centrales nucleares de Trillo (Guadalajara), Almaraz (Cáceres) y Cofrentes (Valencia), garantizando su seguridad. O han colaborado con el Banco de Alimentos y diferentes ONG a transportar comida a la población más vulnerable.

Además, los aviadores del Ejército del Aire han contribuido a trasladar unas 80 toneladas de material sanitario, tanto desde otros países como en territorio nacional, sobre todo a las islas y a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. En estas últimas, la Armada desplegó el Buque de Asalto Anfibio «Galicia» como medida preventiva por si fuese necesaria su utilización como «barco-hospital» ante una posible saturación sanitaria. No fue necesario hacer uso de él, al igual que tampoco de los aviones que el Ejército del Aire ha medicalizado, como los de transporte C-295 y el A400M. De hecho, la Fuerza Aérea quiere tener todo listo de cara a una «eventual necesidad» y ha adquirido un vehículo para embarcar también a pacientes en los aviones «VIP» del 45 Grupo: los Falcon y Airbus A310.

Pero en este punto, la misión más dura de los militares ha sido, además del traslado de pacientes entre hospitales, la de conducir a los fallecidos a las morgues improvisadas de varios palacios de hielo de Madrid.

Todo esto en las calles, pero también los uniformados luchan sin descanso contra el virus en los hospitales de la Defensa de Madrid y Zaragoza. En el madrileño «Gómez Ulla», se vieron desbordados y prácticamente duplicaron su número de camas. Hasta 584 pacientes llegaron a estar hospitalizados en un centro que llegó a habilitar el gimnasio para aumentar su capacidad. Otros sanitarios, en este caso los farmacéuticos, tampoco han dejado ni un segundo de fabricar medicamentos o solución hidroalcohólica en la Farmacias Militar.

Un contingente, el de la Inspección General de Sanidad de la Defensa, que comenzó con unos 2.500 efectivos (en activo y en la reserva) y a primeros de abril ya rondaba los 3.154 militares. A día de hoy se sitúa en algo menos de 2.900.

Incluso en todo este tiempo los uniformados no han dejado de innovar para tratar de ser más efectivos en su lucha contra el coronavirus. Así, la UME ha usado drones o un cañón de nieve adaptado para desinfectar con más precisión y el Ejército de Tierra ensaya desde la pasada semana su “Proyecto Atila”, en el que acoplan a un robot de desactivación de explosivos una luz ultravioleta para descontaminar áreas críticas.

Desde esos días «negros» del mes pasado, el despliegue militar ha vivido una lenta desescalada. Hoy, tras 63 días de misión, en las calles de 26 localidades sólo había 681 uniformados, además de los 2.863 sanitarios. En total, 3.544 efectivos, lo que supone un 57% menos que en el “pico” del 3 de abril o el segundo día con menos militares activados de toda la operación.

El contingente va reduciéndose pero no bajan la guardia. «Balmis» estará activa hasta que acabe el estado de alarma y, como dijo Robles, hasta entonces se mantendrá la estructura y un nivel de reacción adecuado para responder a las solicitudes que sigan llegando, aunque sean pocas.