miércoles, 07 diciembre 2016
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    «El libro más peligroso»

    • Autor: Kevin Birmingham
    • Editorial: Es pop
    • 496 Páginas
    • Precio: 26 euros

    «El libro más peligroso»

    • Autor: Kevin Birmingham
    • Editorial: Es pop
    • 496 Páginas
    • Precio: 26 euros

    James Joyce escribió «Ulises» a pesar de la pobreza, la enfermedad, la censura y su autoexigencia. Se enfrentó a tres juicios y un glaucoma, vio arder ejemplares del libro y padeció el escarnio público. Vivió de caridad. Sobre el titánico esfuerzo de escribir aquellas 800 páginas (arriba o abajo) trata «El libro más peligroso», ensayo que convierte en historia de aventuras la odisea prosaica que está detrás de la novela. Una crónica hasta el detalle para entender la que es considerada mejor novela escrita en inglés del siglo XX, el libro que renovó el lenguaje, se rió de las comas, retorció el canon hasta hacerlo chillar y se aventuró a hacer literatura del lenguaje y la vida cotidiana.

    Pero el autor nos ofrece también una semblanza del creador: un hombre orgulloso, simpático, alguien demasiado anarquista para denominarse como tal. Un hombre que renunció a la patria, la religión y la familia dejando pronto Dublín para ser escritor y nada más. Pero Joyce, en su altivez, no era ajeno al amor. Y eso que siempre fue un calavera de cuidado (contrajo la sífilis con prostitutas y la enfermedad le causará todos sus males oculares) que se burlaba del amor romántico. Sin embargo, el amor está en el punto de partida de la novela, ese día 16 de junio de 1904 en que conoció a Nora Barnacle y en el que sucede toda la narración. Joyce había concebido el artefacto, es decir, 18 capítulos desde otros tantos puntos de vista, que traspusieran la heroica «Odisea» a un día ordinario de un lugar pedestre. Pero no sabía hasta qué punto necesitaba del amor para encender la maquinaria. O, más exactamente, de morir de celos. Las dudas acerca de la honestidad de Nora y del hijo que consideraba suyo incendiaban al escritor, que estaba buscando esa voz que cambiaría la literatura en inglés. Cuando supo que las sospechas eran infundadas, comenzó a escribirle un torrente de cartas eróticas a Barnacle, textos llenos de sexo explícito que no son aptos para ser reproducidos en estas páginas (créanme) y que, según el autor del ensayo, fueron la llave del lenguaje del irlandés. «Toda esas proposiciones indecentes sirvieron al escritor para hallar su lenguaje más noble», remarca.

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